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25 de junio de 2012

Los refrescos no son los mayores causantes de la obesidad infantil


      El consumo de refrescos y otras bebidas endulzadas sólo es un factor de riesgo para los niños que tienen entre 6 y 11 años.
      La profesora Whiting y su equipo revelaron que mientras que muchos niños y jóvenes consumen refrescos y otras bebidas endulzadas, los que realmente tienen un mayor riesgo de volverse obesos son aquellos que además beben bebidas más saludables.
      Los investigadores concluyeron que las bebidas endulzadas son las que más se consumen durante la infancia pero no encontraron una correlación entre los patrones de consumo de éstas y el sobrepeso o la obesidad.
     El consumo excesivo de las bebidas endulzadas puede poner a algunos niños en mayor riesgo de tener sobrepeso y de  volverse obesos, sobre todo si los malos hábitos alimenticios se mantienen desde la infancia hasta la adultez.
En general no existe una relación directa entre el consumo de refrescos y otras bebidas endulzadas y el sobrepeso o la obesidad.
     Los niños que tienen entre seis y once años que han consumido sobre todo refrescos tienen un mayor riesgo de tener sobrepeso y de volverse obesos que aquellos que tienen unos patrones de consumo más moderados.


Objetivos y resultados del estudio

      Según los investigadores, el consumo de bebidas azucaradas ha aumentado significativamente en las últimas décadas coincidiendo con un incremento importante de las tasas tanto de sobrepeso como de obesidad entre la población infantil.
      Los patrones de consumo entre niños canadienses cuyas edades oscilan entre los 2 y los 18 años se establecieron a partir de un análisis grupal en el que los rasgos sociodemográficos, la etnia, los ingresos del hogar y la seguridad alimentaria variaban de manera significativa de un grupo a otro.
      Los datos de más de 10.000 niños se dividieron en grupos de diferentes edades y género antes de evaluar las preferencias de bebidas y el riesgo de la obesidad.
     Los resultados del análisis mostraron que las bebidas azucaradas se consumen en cantidades más altas de lo recomendado entre varios de los grupos de niños y adolescentes.
     El único grupo en el que se encontró una correlación entre los patrones de consumo de bebidas azucaradas y el sobrepeso o la obesidad es el de los niños de entre 6 y 11 años.

15 de junio de 2011

Las bebidas deportivas contribuyen a la obesidad infantil

       Las bebidas deportivas no son necesarias para niños y adolescentes, además es probable que contribuyan a la obesidad, según algunos investigadores en EE.UU. El estudio insta a los padres a limitar el consumo de este tipo de bebidas.
       Los adolecentes que son atletas y que tienen una actividad física vigorosa pueden beneficiarse de los hidratos de carbono y electrolitos proporcionados por bebidas como Gatorade y Powerade, sin embargo los investigadores dijeron que el agua debe ser la bebida preferida para hidratarse.
       "Para la mayoría de los niños que realizan actividades físicas de rutina, el agua es mucho mas conveniente", dijo Holly J. Benjamín, co-autora del estudio publicado en Pediatrics, la revista de la Academia Americana de Pediatría.
      Los investigadores dijeron que el agua debe ser la bebida preferida para hidratarse.
       La obesidad en niños y adolescentes entre los 2 y los 19 años aumentó en los Estados Unidos a casi el 17% de esa grupo poblacional entre 2007 y 2008. En el período entre 1971-1974 ese grupo representaba el 5%, de acuerdo con el Centro para el Control de Enfermedades y Prevención en Atlanta.
       El porcentaje de estadounidenses obesos se ha mantenido constante desde hace tres años, según un estudio del CDC. La obesidad, que es una medida del índice de masa corporal, contribuye a aumentar el riesgo de diabetes, ataques al corazón y derrames cerebrales.
      Alrededor del 28 % de los niños entre 12 a 14 años consumen regularmente bebidas energéticas.
        El estudio también se centró en los efectos de las bebidas energéticas que contienen cafeína y otros estimulantes. Estas bebidas pueden dañar los sistemas cardiovascular y neurológico de niños y adolescentes por lo que no deben ser consumidas, dijeron Benjamin, profesora de pediatría y médica especializada en medicina deportiva de la Universidad de Chicago y Beth Marcie Schneider, coautora del estudio y pediatra especializada en medicina adolescente en Greenwich, Connecticut.
       Algunas bebidas energéticas tienen más de 500 miligramos de cafeína, o el equivalente a 14 latas de soda, dijo Schneider en un comunicado. Rockstar, una bebida de Rockstar Inc., cuenta con 80 mg de cafeína por porción de 8 onzas, más del doble que la de una cantidad igual de Coca-Cola.
       Alrededor del 28 % de los niños entre 12 a 14 años consumen regularmente bebidas energéticas, según un estudio publicado en la edición de marzo de Pediatrics.
        Los autores recomendaron a médicos y padres educar a los niños sobre las diferencias entre deporte y bebidas energéticas y los riesgos potenciales para la salud que su consumo conlleva.

11 de abril de 2011

Falsas creencias sobre los alimentos

       Un estudio analiza las creencias irracionales que los ciudadanos mantienen sobre los alimentos, con el fin de que tomen conciencia acerca de la obesidad y el sobrepeso.

       El estudio sobre creencias irracionales de los alimentos parte de la necesidad de analizar la sociedad, donde la obesidad y el sobrepeso se han convertido en dos de los problemas más graves de salud pública. En este panorama, se hacen evidentes los trastornos alimentarios y las creencias erróneas respecto a los alimentos.


      Especial relevancia adquiere el pensamiento dicotómico que divide a los alimentos en buenos y malos, y en permitidos y prohibidos, lo que lleva al mantenimiento de dietas restrictivas para regular la ingesta y perder peso. Estos factores cognitivos se desarrollan a la vez que síntomas de ansiedad y depresión, por lo que el estudio en el cual se embarcaron los especialistas busca desarrollar tratamientos efectivos. Tuvieron presente que si bien las creencias populares sobre asuntos de salud provocan comportamientos inadecuados, las creencias sobre alimentos influyen en la decisión de qué comer.

     El doctor en Medicina y Cirugía Ignacio Jáuregui Lobera, del Departamento de Bromatología y Nutrición de la Universidad Pablo de Olavide de Andalucía, y Patricia Bolaños Ríos, titular del Instituto de Ciencias de la Conducta de Sevilla, han concluido el análisis de la Escala de Creencias Irracionales de los Alimentos y su adaptación a la sociedad española. El objetivo del estudio es validar la versión española del IFBS desarrollado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Niágara (Nueva York), con el propósito de profundizar en las dificultades a las que se enfrentan algunas personas para alcanzar su peso saludable.

      El pensamiento dicotómico que divide a los alimentos en buenos y malos lleva al mantenimiento de dietas restrictivas

      El Índice se ha revelado óptimo, pero antes de traducirlo y exportarlo, los científicos estiman que es preciso verificar si es extrapolable a otras sociedades y culturas donde la obesidad y el sobrepeso son un problema. El estudio que se ha llevado a cabo en España se ha publicado en la revista científica Nutrición Hospitalaria, junto con estudios homogéneos que se realizan en países de todo el mundo. Los análisis servirán para organizar en el futuro los índices de pensamientos arraigados que motivan en cada sociedad acciones erróneas respecto a la alimentación.

-57 creencias sobre la alimentación

       "La comida es un sustituto del placer", "comer sano no lleva más tiempo que hacerlo de forma insana", "todas las reuniones sociales deben centrarse en la comida", "los alimentos como frutas y verduras no tienen calorías". Son algunas de las afirmaciones que conforman el primer grupo de creencias sobre la alimentación que se analizaron. En total, las sentencias agrupadas como creencias válidas son 39. Con ellas se puede estar muy en desacuerdo, en desacuerdo, de acuerdo o muy de acuerdo. A estas primeras 39 aseveraciones irracionales se añaden 18 más, hasta sumar 57, que además de absurdas son autocríticas.

      Los análisis servirán para organizar los índices de pensamientos arraigados que motivan en cada sociedad acciones erróneas respecto a la alimentación

      En este grupo se leen afirmaciones del tipo "la felicidad puede alcanzarse con la comida", "como el alcohol no tiene grasas, no te hace ganar peso", "comer puede ayudar a superar la soledad". El resultado del análisis factorial sugiere que la consistencia de los índices sirve para adaptar el IFBS a los hábitos españoles de alimentación. Sin embargo, las conclusiones finales determinarán la escala y el orden de las preguntas para que la encuesta se utilice como herramienta útil en su aplicación clínica.

      El análisis de la situación hace pensar en la necesidad de promover la educación nutricional al consumidor, con el fin de que sea crítico con los mensajes que recibe sobre alimentación, nutrición y salud. Son muy populares numerosos errores de concepto básicos en alimentación y nutrición en la población general y entre los adolescentes, aún más vulnerables para seguir dietas sin fundamento con el único fin de perder unos kilos.

•Cenar solo fruta, adelgaza. Es una idea extendida entre muchos jóvenes, pero equivocada si se quiere perder peso. La combinación de nutrientes en las frutas explica la propiedad esencial de los vegetales para depurar el organismo y perder algo de peso en forma de agua, si se retienen líquidos, pero no de grasa, si se tiene sobrepeso u obesidad.
•Si es integral, tiene menos calorías. La diferencia entre los alimentos normales y los integrales es que estos últimos tienen más fibra y más nutrientes reguladores (vitaminas, minerales y antioxidantes). Son más saludables, pero no se ha de entender que tienen menos calorías. Ingerir alimentos integrales (pan, galletas, arroz y pasta) supone las siguientes ventajas: al tener más fibra, mejoran el ritmo intestinal y previenen el estreñimiento, y la fibra y el resto de componentes protegen la salud frente a diversas enfermedades como la diabetes, las cardiovasculares o el cáncer.
•Comer menos o saltarse comidas, adelgaza. Para adelgazar no es suficiente con tomar menos calorías, es necesario aprender a adelgazar, lo cual requiere eliminar conductas o comportamientos que engordan o dificultan el adelgazamiento. Sirve de ayuda repartir los alimentos en varias tomas -desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena- y no saltarse ninguna para evitar picotear o llegar con ansiedad y demasiada hambre a la siguiente. En general, el picoteo favorece que una persona consuma más calorías de las recomendadas cada día.

7 de abril de 2011

La barriga envejece y resta felicidad

      Las personas con obesidad visceral o elevada acumulación de grasa abdominal presentan las alteraciones hormonales características de un envejecimiento prematuro junto con alteraciones del estado de ánimo, ha explicado hoy el doctor Rubén Bravo, especialista en nutrición y obesidad visceral. Este experto ha indicado que la grasa visceral aumenta la producción de la hormona del estrés, el cortisol, y reduce los niveles de endorfinas, que son las hormonas que facilitan la sensación de felicidad y bienestar.


      Bravo, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), ha comentado que el déficit de la dopamina en el organismo favorece la depresión, mientras que la disminución de serotonina eleva los niveles de ansiedad. Ambas carencias indican aumento de riesgo de infarto de corazón -3,4 veces mayor-, problemas de hipertensión, cáncer de próstata y colon, hipercolestoremia o una tendencia para desarrollar enfermedades degenerativas, como párkinson o demencia senil.

      La grasa visceral elevada, que se acumula en el interior del abdomen alrededor de los órganos vitales, contiene un "alto riesgo" para la salud que se expresa en enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión y algunos tipos de cáncer. Bravo ha explicado que un estilo de vida sedentario seguido por estrés, tabaco, grandes dosis de café y alcohol, además de una alimentación inadecuada, hace, entre otras cosas, que se acumule en el interior del abdomen, alrededor de los órganos vitales, una especie de grasa que no siempre está a la vista.

-Más difícil de perder

      "En el 82% de los hombres que acuden al Instituto Médico Europeo de la Obesidad, la principal grasa corporal es la visceral. Respecto las mujeres, este porcentaje asciende a un 34%, con una prevalencia de las que están en la edad de la menopausia, donde se observa esta migración de la grasa hacia el abdomen", ha subrayado. El doctor ha apostado por una medicina preventiva, porque los riesgos de salud relacionados con la grasa abdominal extra aumentan con la edad, a partir de los 35 años en los hombres y de los 55 años en las mujeres.

      El especialista en Nutrición ha recordado que la grasa visceral se puede acumular rápidamente y es más difícil de perder que la subcutánea, ya que rodea los órganos internos y sirve como reserva de energía. Sin embargo, es posible eliminarla, consiguiendo una pérdida de medio kilo por semana, si se hace una dieta apropiada y se combina con ejercicios adecuados. "Muchos hombres se equivocan en pensar que haciendo abdominales, reducirán la grasa acumulada en la zona de la barriga, más bien sería un ejercicio contraproducente y hasta peligroso en casos extremos", ha explicado Bravo.

-Ejercicio aeróbico

      En la primera etapa hay que hacer un ejercicio mixto, aeróbico y anaeróbico moderado y, según el experto, "al subir cuestas, nadar o hacer un footing ligero al menos 30 minutos en la mayoría de los días de la semana, potenciamos la creación de masa muscular y facilitamos la quema de grasa visceral". Estos ejercicios se pueden complementar con una dieta antiinflamatoria que ayuda a prevenir las enfermedades degenerativas y alivia el trabajo del páncreas, el intestino y el hígado graso.

      Bravo ha apuntado que la grasa visceral es muy activa y genera un constante bombeo de sustancias tóxicas en el torrente sanguíneo, un proceso que conduce a la acumulación de ácidos grasos libres en el hígado y otros órganos, desequilibrando la regulación insulínica del organismo, el azúcar sanguíneo y el colesterol

24 de noviembre de 2010

Genética, obesidad y alimentos energéticos

        Mientras la genética se revela como causa principal en el 1% de los casos de obesidad, una alimentación inadecuada y un estilo de vida poco activo resultan determinantes para ganar peso.

         En un estudio publicado en la prestigiosa revista 'American Journal of Clinical Nutrition' en diciembre de 2009, se analizó el genotipo de más de 20.000 adultos británicos entre 39 y 79 años y se tipificaron 12 polimorfismos relacionados con la obesidad. Las diferencias entre polimorfismos se expusieron a su vez en relación con distintos parámetros antropométricos de los sujetos: el peso, la talla, el perímetro de la cintura y el índice de masa corporal (IMC). En los resultados se puso de manifiesto que tan solo en un 0,9% de los casos los genes eran responsables de la obesidad medida según el IMC. No obstante, el grado de asociación de cada uno de los 12 genes estudiados con los distintos parámetros antropométricos fue diferente. El gen FTO mostró una mayor asociación con la obesidad. De igual modo, entre las conclusiones del estudio, se citó que aunque estos genes por separado tienen un efecto predictivo limitado sobre el riesgo de padecer obesidad, la presencia en cada persona de determinadas combinaciones de polimorfismos puede tener un efecto sinérgico o acumulativo.

       En un artículo publicado a la luz de estos hallazgos, Claude Bouchard, del Pennington Biomedical Research Center en Baton Rouge (Louisiana, EE.UU,), afirmó que es muy difícil explicar el importante desarrollo de la incidencia de obesidad en las últimas décadas por medio de las diferencias genéticas (polimorfismos) conocidas hasta la fecha. En su lugar, indicó que es más probable justificar la actual epidemia de obesidad en un "entorno obesogénico" que facilita una acumulación de tejido adiposo más allá de lo saludable.
      Robert Kushner, miembro del consejo editorial de la American Dietetic Association, afirma que sin dejar de lado el papel de la genética, el actual estilo de vida moderno favorece sobremanera el progreso de la obesidad. Según este investigador, hay tres factores característicos que definen un "entorno obesogénico":
  • Una presión constante que dificulta seguir una alimentación adecuada. Frente a la loable voluntad inicial del consumidor de realizar elecciones ajustadas a sus necesidades y equilibradas con su gasto energético, el entorno supone muchas tentaciones en forma de sobreabundancia alimentaria, alternativas para picar en todo momento, máquinas de vending, raciones desproporcionadas de alimentos energéticos, múltiples alternativas para comer fuera de casa, etc. A todo esto, además, se suma una menor tendencia por cocinar en casa. Estas cuestiones, frecuentes en el estilo de vida occidental, obstaculizan la intención de seguir una alimentación adecuada.
  • La dificultad de seguir un estilo de vida activo. Son numerosos los ascensores, escaleras mecánicas, medios de transporte particulares o públicos, así como los mandos a distancia que favorecen la falta de movilidad. Lo mismo ocurre con la dependencia del teléfono, correo electrónico u ordenadores, sin obviar las posibilidades de ocio sedentario, como la televisión o las consolas de videojuegos, que suponen en su conjunto un entorno poco facilitador para la realización de actividad física y, por lo tanto, para aumentar el gasto energético.
  • El poco tiempo real que se dedica a cuidar la salud. Bien sea por los compromisos laborales con agendas sobrecargadas y horarios apretados, bien por las cargas familiares y domésticas o por la escasez del tiempo libre, se invierte muy poco tiempo, menos del aconsejado, en prestar atención a las cuestiones relacionadas con la salud.
     De cualquier modo, no se deben considerar las causas de la obesidad de forma aislada. Si en algo encuentran un denominador común las más recientes investigaciones en este campo, es en el papel protagonista de la interacción entre genes y ambiente. Una de los más claros ejemplos de esta relación es la teoría del gen ahorrador. Ésta sostiene que las poblaciones que en su momento pudieron sobrevivir a épocas de hambruna tras acumular con mayor facilidad grasa en su tejido adiposo cuando había comida, hoy en día estarían en desventaja al encontrarse en un medio con fácil acceso a los alimentos. Serían más susceptibles a la obesidad e, incluso, al síndrome metabólico.         La relación entre entorno y genes también queda patente cuando se analizan los diferentes factores ambientales que han podido condicionar la gestación de un individuo. Cada vez hay más evidencias de que una malnutrición marcada por el déficit en el periodo intrauterino puede influir en el desarrollo de sobrepeso y obesidad, en especial, durante la infancia y adolescencia, siempre y cuando también se den otras condiciones ambientales postparto. Al hilo de esta cuestión, algunos estudios proponen que un bajo peso al nacer, con una baja proporción de masa magra y, por tanto, con una menor tasa metabólica, facilitaría la acumulación de grasa, al exponerse en un entorno de sobre abundancia alimentaria.
       
       Conocer, estudiar y aprovechar las posibles influencias de un estilo de alimentación en la expresión de los genes y comprobar cómo otra forma diferente de comer puede condicionarla de distinta manera es un apasionante reto sobre el que se empieza a investigar. La epigenética estudia los cambios hereditarios de la manifestación génica no mediados por alteraciones en la secuencia del ADN. Algunos de sus avances ya se han puesto de manifiesto en modelos experimentales al comprobar que determinadas enfermedades metabólicas, como un tipo de hipercolesterolemia familiar, están influidos por la composición de la dieta.

31 de marzo de 2010

sin horarios no se come bien

      "La falta de un patrón regular en los horarios de comidas favorece la obesidad y el riesgo cardiovascular"

       Mediante nuestros hábitos de vida o nuestra alimentación somos capaces de interactuar con nuestros genes y provocar que estos se expresen o no. Si impulsamos la expresión de los genes protectores para la salud y que se apaguen o no lleguen a expresarse los genes que son dañinos, habremos logrado un hito.
      Si el individuo es obeso, polimorfismos que en principio eran protectores frente a riesgo de enfermedades metabólicas como cánceres o el infarto de miocardio, se adormecen con el exceso de peso y pierden sus capacidades protectoras. El mensaje es positivo: hemos desechado que somos consecuencia de nuestros genes. Hoy, gracias a las nutriómicas, modulamos nuestros genes con nuestras decisiones, en la vida y en la alimentación. Se ha comprobado una respuesta distinta a la dieta según los polimorfismos o las variantes genéticas de cada individuo, entre ellos el gen "clock".
"Modulamos nuestros genes con las decisiones que tomamos en nuestros hábitos de vida y de alimentación"
       El objetivo de la investigación fue examinar diferentes polimorfismos del gen reloj "clock" y su posible asociación con la obesidad de los individuos, la ingesta de energía y grasa y diferentes factores de calidad de sueño en el ser humano. Los resultados mostraron que, de los cinco polimorfismos estudiados, tres se asociaron con la obesidad y la ingesta. Los individuos portadores de la variante génica comían más, dormían menos e ingerían más grasa. Estaban más obesos y, en particular, tenían una mayor obesidad abdominal, caracterizada por ser la de mayor riesgo metabólico.
¿Lo determinaba el gen? 
       En la revista científica "American Journal of Clinical Nutrition" se ha publicado que esas asociaciones sólo se desarrollan si el individuo come mal. Es decir, los individuos con un alto contenido de grasas saturadas (bollería industrial, embutidos, etc.) en su dieta y baja ingesta de aceite de oliva fueron quienes engordaron al desarrollar polimorfismo, o tuvieron obesidad abdominal o alteraciones de la glucosa. Sin embargo, las personas que comían con un contenido en aceite de oliva (ácido oleico) superior a la media, a pesar de la variante génica, no estaban más obesos, ni tenían mayor riesgo de resistencia al metabolismo de la glucosa.
      La conclusión es interesante. Se podría decir que con una buena alimentación somos capaces de revertir los efectos perjudiciales de ciertos polimorfismos génicos.
      Se planteó la duda de si los resultados se podrían replicar en una muestra española mediterránea, por lo que analizamos el ADN de 500 pacientes del Método Garaulet -derivado de la dieta mediterránea-. Cuando analizamos los mismos polimorfismos del gen "clock", antes estudiados en la población norteamericana, comprobamos que, de nuevo, los pacientes portadores del alelo menor del gen "clock" tenían un mayor grado de obesidad y, en particular, de obesidad abdominal. También constatamos, todavía más interesante, que estos pacientes con el polimorfismo (30% de la población estudiada) perdían peso con mayor dificultad durante las 30 semanas de tratamiento dietético.
 
¿Se puede decir que tenemos un reloj biológico que marca el efecto de los alimentos?
       Los humanos tenemos en nuestro cerebro una región denominada "núcleo supraquiasmático". Se localiza encima del quiasma óptico y es capaz de poner en hora nuestro organismo, es nuestro reloj central. En él se expresan una serie de genes que dan lugar a proteínas que ponen en marcha el reloj central. Estos genes, llamados genes reloj, forman dímeros y, así, se dividen en dos grupos: unos que activan este reloj central, como el "bmal1" y el "clock", y otros que lo desactivan o deceleran, como son la pareja "per" y "cry". La expresión y traducción de estos genes en proteínas tiene un ritmo circadiano, es decir, de 24 horas. Hay unos 12 genes reloj que están en constante funcionamiento en el cerebro humano.
 
¿Cómo han llegado a obtener estos resultados?
      La ciencia ha probado el funcionamiento de diferentes relojes periféricos en distintos tejidos. Recientes descubrimientos confirman que el corazón, el hígado y el páncreas tienen relojes periféricos que funcionan de manera autónoma, aunque el reloj central es capaz de modularlos. Un equipo español de investigación ha sido pionero en demostrar que el tejido adiposo humano también dispone de un reloj circadiano interno, lo que tiene gran relevancia en la relación entre obesidad y cronobiología. Los resultados obtenidos en cultivos de tejido adiposo humano han demostrado que la grasa humana expresa genes reloj, que además fluctúan a lo largo de 24 horas y que parecen ser capaces de regular y poner en hora a otros genes importantes del metabolismo adiposo.

       Todo apunta a la idea de que en el funcionamiento del tejido adiposo hay horas. Esto podría indicar que el exceso de grasa en el organismo humano, es decir, el sobrepeso y la obesidad, no sólo se asocian con qué comemos, sino también con cuándo lo hacemos. Podría suceder que comer a ciertas horas favoreciera una mayor acumulación de grasa.
       Esto podría explicar cómo está contraindicado para un individuo comer determinados alimentos si quiere tratar su trastorno. 
¿El consumo de pan, un alimento muy consumido en nuestro país, tendría un mayor rendimiento energético en unas personas que en otras?
       Se sabe ya que un nutriente tan señalado como la glucosa, que se halla básicamente en alimentos del grupo del pan, se absorbe y metaboliza mejor por la mañana que por la noche, lo que puede tener consecuencias metabólicas importantes en el individuo. Otro ritmo circadiano muy conocido es el de los corticoides. Estas hormonas, que ayudan a activarnos, también aumentan el apetito y sus concentraciones son mayores por la mañana para ayudarnos a enfrentamos a la actividad matutina. Por la noche, en cambio, los corticoides disminuyen para permitirnos dormir con tranquilidad. Cuando hay alguna alteración en estos ritmos, como en situaciones de estrés o en trabajos a turnos, la fisiología del individuo se modifica, se altera su sueño, su ingesta y se ha descrito que en estas circunstancias el individuo suele engordar.
 
¿Se entiende que hay un momento óptimo para comer?
      Es conocido que retrasar la comida hacia la noche no es adecuado y que, sin embargo, es más aconsejable tomar un elevado contenido calórico en el desayuno, por la mañana. Nuestras hormonas y enzimas tienen horarios fisiológicos marcados por nuestro reloj interno. Si comemos a deshora, no tendremos sincronizadas nuestras hormonas y enzimas fisiológicas con nuestra ingesta, esto puede llevar a una situación de "lipotoxicidad", es decir, que el exceso de energía que tomemos tenga más efectos negativos sobre nuestro organismo porque se acumule en zonas indeseables, como hígado o páncreas, o que se dificulte su oxidación.
      Entonces, la diferencia entre la ganancia y la pérdida de peso está determinada en parte por el momento del día en que se come, más allá del valor energético de la propia comida.
      Aunque el valor energético es lo más importante, el momento de ingesta puede condicionar que los alimentos se acumulen más o menos o tengan una mayor o menor lipotoxicidad, aunque todavía falta mucha investigación en este sentido.
      Sabemos que la alimentación es, junto con la luz, el sincronizador externo más importante de los ritmos circadianos de nuestro organismo. Los humanos comemos, en general, a las mismas horas. Recientes estudios han demostrado que la falta de un patrón regular en los horarios de comidas favorece la obesidad y el riesgo cardiovascular. Si picamos continuamente o alteramos los ritmos de comidas, la información que recibe el organismo es confusa y los ritmos circadianos internos se alteran y causan cambios importantes en nuestro metabolismo, en nuestra ingesta y en el peso. Sabemos que es importante qué se come, pero también seguir una cierta regularidad en las comidas.
       
      Diversos estudios sobre la tolerancia a la glucosa y la actividad de la insulina en el organismo humano demuestran una mayor sensibilidad de las células a la insulina y una mayor actividad de esta hormona durante el día. Ante estos resultados, ¿en condiciones normales el organismo metabolizará mejor durante el día los nutrientes energéticos, como los carbohidratos que precisan insulina? ¿De ahí la importancia de un desayuno completo y un almuerzo o comida consistente?
       La insulina tiene horarios y esto lo saben muy bien los pacientes con diabetes. Por la mañana, sobre las diez, nuestro tejido adiposo es capaz de producir altas cantidades de una proteína llamada "adiponectina", considerada un ángel de la guarda, ya que nos protege frente a la resistencia a la insulina. Cuando la cantidad de adiponectina es elevada, la insulina funciona mejor y, en parte, es por ello que durante la mañana tenemos una mejor tolerancia a los carbohidratos que por la noche.

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5 de octubre de 2012

Desmontado el mito del "gordo feliz"


     

25 de junio de 2012

Los refrescos no son los mayores causantes de la obesidad infantil


      El consumo de refrescos y otras bebidas endulzadas sólo es un factor de riesgo para los niños que tienen entre 6 y 11 años.
      La profesora Whiting y su equipo revelaron que mientras que muchos niños y jóvenes consumen refrescos y otras bebidas endulzadas, los que realmente tienen un mayor riesgo de volverse obesos son aquellos que además beben bebidas más saludables.
      Los investigadores concluyeron que las bebidas endulzadas son las que más se consumen durante la infancia pero no encontraron una correlación entre los patrones de consumo de éstas y el sobrepeso o la obesidad.
     El consumo excesivo de las bebidas endulzadas puede poner a algunos niños en mayor riesgo de tener sobrepeso y de  volverse obesos, sobre todo si los malos hábitos alimenticios se mantienen desde la infancia hasta la adultez.
En general no existe una relación directa entre el consumo de refrescos y otras bebidas endulzadas y el sobrepeso o la obesidad.
     Los niños que tienen entre seis y once años que han consumido sobre todo refrescos tienen un mayor riesgo de tener sobrepeso y de volverse obesos que aquellos que tienen unos patrones de consumo más moderados.


Objetivos y resultados del estudio

      Según los investigadores, el consumo de bebidas azucaradas ha aumentado significativamente en las últimas décadas coincidiendo con un incremento importante de las tasas tanto de sobrepeso como de obesidad entre la población infantil.
      Los patrones de consumo entre niños canadienses cuyas edades oscilan entre los 2 y los 18 años se establecieron a partir de un análisis grupal en el que los rasgos sociodemográficos, la etnia, los ingresos del hogar y la seguridad alimentaria variaban de manera significativa de un grupo a otro.
      Los datos de más de 10.000 niños se dividieron en grupos de diferentes edades y género antes de evaluar las preferencias de bebidas y el riesgo de la obesidad.
     Los resultados del análisis mostraron que las bebidas azucaradas se consumen en cantidades más altas de lo recomendado entre varios de los grupos de niños y adolescentes.
     El único grupo en el que se encontró una correlación entre los patrones de consumo de bebidas azucaradas y el sobrepeso o la obesidad es el de los niños de entre 6 y 11 años.

15 de junio de 2011

Las bebidas deportivas contribuyen a la obesidad infantil

       Las bebidas deportivas no son necesarias para niños y adolescentes, además es probable que contribuyan a la obesidad, según algunos investigadores en EE.UU. El estudio insta a los padres a limitar el consumo de este tipo de bebidas.
       Los adolecentes que son atletas y que tienen una actividad física vigorosa pueden beneficiarse de los hidratos de carbono y electrolitos proporcionados por bebidas como Gatorade y Powerade, sin embargo los investigadores dijeron que el agua debe ser la bebida preferida para hidratarse.
       "Para la mayoría de los niños que realizan actividades físicas de rutina, el agua es mucho mas conveniente", dijo Holly J. Benjamín, co-autora del estudio publicado en Pediatrics, la revista de la Academia Americana de Pediatría.
      Los investigadores dijeron que el agua debe ser la bebida preferida para hidratarse.
       La obesidad en niños y adolescentes entre los 2 y los 19 años aumentó en los Estados Unidos a casi el 17% de esa grupo poblacional entre 2007 y 2008. En el período entre 1971-1974 ese grupo representaba el 5%, de acuerdo con el Centro para el Control de Enfermedades y Prevención en Atlanta.
       El porcentaje de estadounidenses obesos se ha mantenido constante desde hace tres años, según un estudio del CDC. La obesidad, que es una medida del índice de masa corporal, contribuye a aumentar el riesgo de diabetes, ataques al corazón y derrames cerebrales.
      Alrededor del 28 % de los niños entre 12 a 14 años consumen regularmente bebidas energéticas.
        El estudio también se centró en los efectos de las bebidas energéticas que contienen cafeína y otros estimulantes. Estas bebidas pueden dañar los sistemas cardiovascular y neurológico de niños y adolescentes por lo que no deben ser consumidas, dijeron Benjamin, profesora de pediatría y médica especializada en medicina deportiva de la Universidad de Chicago y Beth Marcie Schneider, coautora del estudio y pediatra especializada en medicina adolescente en Greenwich, Connecticut.
       Algunas bebidas energéticas tienen más de 500 miligramos de cafeína, o el equivalente a 14 latas de soda, dijo Schneider en un comunicado. Rockstar, una bebida de Rockstar Inc., cuenta con 80 mg de cafeína por porción de 8 onzas, más del doble que la de una cantidad igual de Coca-Cola.
       Alrededor del 28 % de los niños entre 12 a 14 años consumen regularmente bebidas energéticas, según un estudio publicado en la edición de marzo de Pediatrics.
        Los autores recomendaron a médicos y padres educar a los niños sobre las diferencias entre deporte y bebidas energéticas y los riesgos potenciales para la salud que su consumo conlleva.

11 de abril de 2011

Falsas creencias sobre los alimentos

       Un estudio analiza las creencias irracionales que los ciudadanos mantienen sobre los alimentos, con el fin de que tomen conciencia acerca de la obesidad y el sobrepeso.

       El estudio sobre creencias irracionales de los alimentos parte de la necesidad de analizar la sociedad, donde la obesidad y el sobrepeso se han convertido en dos de los problemas más graves de salud pública. En este panorama, se hacen evidentes los trastornos alimentarios y las creencias erróneas respecto a los alimentos.


      Especial relevancia adquiere el pensamiento dicotómico que divide a los alimentos en buenos y malos, y en permitidos y prohibidos, lo que lleva al mantenimiento de dietas restrictivas para regular la ingesta y perder peso. Estos factores cognitivos se desarrollan a la vez que síntomas de ansiedad y depresión, por lo que el estudio en el cual se embarcaron los especialistas busca desarrollar tratamientos efectivos. Tuvieron presente que si bien las creencias populares sobre asuntos de salud provocan comportamientos inadecuados, las creencias sobre alimentos influyen en la decisión de qué comer.

     El doctor en Medicina y Cirugía Ignacio Jáuregui Lobera, del Departamento de Bromatología y Nutrición de la Universidad Pablo de Olavide de Andalucía, y Patricia Bolaños Ríos, titular del Instituto de Ciencias de la Conducta de Sevilla, han concluido el análisis de la Escala de Creencias Irracionales de los Alimentos y su adaptación a la sociedad española. El objetivo del estudio es validar la versión española del IFBS desarrollado por el Departamento de Psicología de la Universidad de Niágara (Nueva York), con el propósito de profundizar en las dificultades a las que se enfrentan algunas personas para alcanzar su peso saludable.

      El pensamiento dicotómico que divide a los alimentos en buenos y malos lleva al mantenimiento de dietas restrictivas

      El Índice se ha revelado óptimo, pero antes de traducirlo y exportarlo, los científicos estiman que es preciso verificar si es extrapolable a otras sociedades y culturas donde la obesidad y el sobrepeso son un problema. El estudio que se ha llevado a cabo en España se ha publicado en la revista científica Nutrición Hospitalaria, junto con estudios homogéneos que se realizan en países de todo el mundo. Los análisis servirán para organizar en el futuro los índices de pensamientos arraigados que motivan en cada sociedad acciones erróneas respecto a la alimentación.

-57 creencias sobre la alimentación

       "La comida es un sustituto del placer", "comer sano no lleva más tiempo que hacerlo de forma insana", "todas las reuniones sociales deben centrarse en la comida", "los alimentos como frutas y verduras no tienen calorías". Son algunas de las afirmaciones que conforman el primer grupo de creencias sobre la alimentación que se analizaron. En total, las sentencias agrupadas como creencias válidas son 39. Con ellas se puede estar muy en desacuerdo, en desacuerdo, de acuerdo o muy de acuerdo. A estas primeras 39 aseveraciones irracionales se añaden 18 más, hasta sumar 57, que además de absurdas son autocríticas.

      Los análisis servirán para organizar los índices de pensamientos arraigados que motivan en cada sociedad acciones erróneas respecto a la alimentación

      En este grupo se leen afirmaciones del tipo "la felicidad puede alcanzarse con la comida", "como el alcohol no tiene grasas, no te hace ganar peso", "comer puede ayudar a superar la soledad". El resultado del análisis factorial sugiere que la consistencia de los índices sirve para adaptar el IFBS a los hábitos españoles de alimentación. Sin embargo, las conclusiones finales determinarán la escala y el orden de las preguntas para que la encuesta se utilice como herramienta útil en su aplicación clínica.

      El análisis de la situación hace pensar en la necesidad de promover la educación nutricional al consumidor, con el fin de que sea crítico con los mensajes que recibe sobre alimentación, nutrición y salud. Son muy populares numerosos errores de concepto básicos en alimentación y nutrición en la población general y entre los adolescentes, aún más vulnerables para seguir dietas sin fundamento con el único fin de perder unos kilos.

•Cenar solo fruta, adelgaza. Es una idea extendida entre muchos jóvenes, pero equivocada si se quiere perder peso. La combinación de nutrientes en las frutas explica la propiedad esencial de los vegetales para depurar el organismo y perder algo de peso en forma de agua, si se retienen líquidos, pero no de grasa, si se tiene sobrepeso u obesidad.
•Si es integral, tiene menos calorías. La diferencia entre los alimentos normales y los integrales es que estos últimos tienen más fibra y más nutrientes reguladores (vitaminas, minerales y antioxidantes). Son más saludables, pero no se ha de entender que tienen menos calorías. Ingerir alimentos integrales (pan, galletas, arroz y pasta) supone las siguientes ventajas: al tener más fibra, mejoran el ritmo intestinal y previenen el estreñimiento, y la fibra y el resto de componentes protegen la salud frente a diversas enfermedades como la diabetes, las cardiovasculares o el cáncer.
•Comer menos o saltarse comidas, adelgaza. Para adelgazar no es suficiente con tomar menos calorías, es necesario aprender a adelgazar, lo cual requiere eliminar conductas o comportamientos que engordan o dificultan el adelgazamiento. Sirve de ayuda repartir los alimentos en varias tomas -desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena- y no saltarse ninguna para evitar picotear o llegar con ansiedad y demasiada hambre a la siguiente. En general, el picoteo favorece que una persona consuma más calorías de las recomendadas cada día.

7 de abril de 2011

La barriga envejece y resta felicidad

      Las personas con obesidad visceral o elevada acumulación de grasa abdominal presentan las alteraciones hormonales características de un envejecimiento prematuro junto con alteraciones del estado de ánimo, ha explicado hoy el doctor Rubén Bravo, especialista en nutrición y obesidad visceral. Este experto ha indicado que la grasa visceral aumenta la producción de la hormona del estrés, el cortisol, y reduce los niveles de endorfinas, que son las hormonas que facilitan la sensación de felicidad y bienestar.


      Bravo, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), ha comentado que el déficit de la dopamina en el organismo favorece la depresión, mientras que la disminución de serotonina eleva los niveles de ansiedad. Ambas carencias indican aumento de riesgo de infarto de corazón -3,4 veces mayor-, problemas de hipertensión, cáncer de próstata y colon, hipercolestoremia o una tendencia para desarrollar enfermedades degenerativas, como párkinson o demencia senil.

      La grasa visceral elevada, que se acumula en el interior del abdomen alrededor de los órganos vitales, contiene un "alto riesgo" para la salud que se expresa en enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión y algunos tipos de cáncer. Bravo ha explicado que un estilo de vida sedentario seguido por estrés, tabaco, grandes dosis de café y alcohol, además de una alimentación inadecuada, hace, entre otras cosas, que se acumule en el interior del abdomen, alrededor de los órganos vitales, una especie de grasa que no siempre está a la vista.

-Más difícil de perder

      "En el 82% de los hombres que acuden al Instituto Médico Europeo de la Obesidad, la principal grasa corporal es la visceral. Respecto las mujeres, este porcentaje asciende a un 34%, con una prevalencia de las que están en la edad de la menopausia, donde se observa esta migración de la grasa hacia el abdomen", ha subrayado. El doctor ha apostado por una medicina preventiva, porque los riesgos de salud relacionados con la grasa abdominal extra aumentan con la edad, a partir de los 35 años en los hombres y de los 55 años en las mujeres.

      El especialista en Nutrición ha recordado que la grasa visceral se puede acumular rápidamente y es más difícil de perder que la subcutánea, ya que rodea los órganos internos y sirve como reserva de energía. Sin embargo, es posible eliminarla, consiguiendo una pérdida de medio kilo por semana, si se hace una dieta apropiada y se combina con ejercicios adecuados. "Muchos hombres se equivocan en pensar que haciendo abdominales, reducirán la grasa acumulada en la zona de la barriga, más bien sería un ejercicio contraproducente y hasta peligroso en casos extremos", ha explicado Bravo.

-Ejercicio aeróbico

      En la primera etapa hay que hacer un ejercicio mixto, aeróbico y anaeróbico moderado y, según el experto, "al subir cuestas, nadar o hacer un footing ligero al menos 30 minutos en la mayoría de los días de la semana, potenciamos la creación de masa muscular y facilitamos la quema de grasa visceral". Estos ejercicios se pueden complementar con una dieta antiinflamatoria que ayuda a prevenir las enfermedades degenerativas y alivia el trabajo del páncreas, el intestino y el hígado graso.

      Bravo ha apuntado que la grasa visceral es muy activa y genera un constante bombeo de sustancias tóxicas en el torrente sanguíneo, un proceso que conduce a la acumulación de ácidos grasos libres en el hígado y otros órganos, desequilibrando la regulación insulínica del organismo, el azúcar sanguíneo y el colesterol

24 de noviembre de 2010

Genética, obesidad y alimentos energéticos

        Mientras la genética se revela como causa principal en el 1% de los casos de obesidad, una alimentación inadecuada y un estilo de vida poco activo resultan determinantes para ganar peso.

         En un estudio publicado en la prestigiosa revista 'American Journal of Clinical Nutrition' en diciembre de 2009, se analizó el genotipo de más de 20.000 adultos británicos entre 39 y 79 años y se tipificaron 12 polimorfismos relacionados con la obesidad. Las diferencias entre polimorfismos se expusieron a su vez en relación con distintos parámetros antropométricos de los sujetos: el peso, la talla, el perímetro de la cintura y el índice de masa corporal (IMC). En los resultados se puso de manifiesto que tan solo en un 0,9% de los casos los genes eran responsables de la obesidad medida según el IMC. No obstante, el grado de asociación de cada uno de los 12 genes estudiados con los distintos parámetros antropométricos fue diferente. El gen FTO mostró una mayor asociación con la obesidad. De igual modo, entre las conclusiones del estudio, se citó que aunque estos genes por separado tienen un efecto predictivo limitado sobre el riesgo de padecer obesidad, la presencia en cada persona de determinadas combinaciones de polimorfismos puede tener un efecto sinérgico o acumulativo.

       En un artículo publicado a la luz de estos hallazgos, Claude Bouchard, del Pennington Biomedical Research Center en Baton Rouge (Louisiana, EE.UU,), afirmó que es muy difícil explicar el importante desarrollo de la incidencia de obesidad en las últimas décadas por medio de las diferencias genéticas (polimorfismos) conocidas hasta la fecha. En su lugar, indicó que es más probable justificar la actual epidemia de obesidad en un "entorno obesogénico" que facilita una acumulación de tejido adiposo más allá de lo saludable.
      Robert Kushner, miembro del consejo editorial de la American Dietetic Association, afirma que sin dejar de lado el papel de la genética, el actual estilo de vida moderno favorece sobremanera el progreso de la obesidad. Según este investigador, hay tres factores característicos que definen un "entorno obesogénico":
  • Una presión constante que dificulta seguir una alimentación adecuada. Frente a la loable voluntad inicial del consumidor de realizar elecciones ajustadas a sus necesidades y equilibradas con su gasto energético, el entorno supone muchas tentaciones en forma de sobreabundancia alimentaria, alternativas para picar en todo momento, máquinas de vending, raciones desproporcionadas de alimentos energéticos, múltiples alternativas para comer fuera de casa, etc. A todo esto, además, se suma una menor tendencia por cocinar en casa. Estas cuestiones, frecuentes en el estilo de vida occidental, obstaculizan la intención de seguir una alimentación adecuada.
  • La dificultad de seguir un estilo de vida activo. Son numerosos los ascensores, escaleras mecánicas, medios de transporte particulares o públicos, así como los mandos a distancia que favorecen la falta de movilidad. Lo mismo ocurre con la dependencia del teléfono, correo electrónico u ordenadores, sin obviar las posibilidades de ocio sedentario, como la televisión o las consolas de videojuegos, que suponen en su conjunto un entorno poco facilitador para la realización de actividad física y, por lo tanto, para aumentar el gasto energético.
  • El poco tiempo real que se dedica a cuidar la salud. Bien sea por los compromisos laborales con agendas sobrecargadas y horarios apretados, bien por las cargas familiares y domésticas o por la escasez del tiempo libre, se invierte muy poco tiempo, menos del aconsejado, en prestar atención a las cuestiones relacionadas con la salud.
     De cualquier modo, no se deben considerar las causas de la obesidad de forma aislada. Si en algo encuentran un denominador común las más recientes investigaciones en este campo, es en el papel protagonista de la interacción entre genes y ambiente. Una de los más claros ejemplos de esta relación es la teoría del gen ahorrador. Ésta sostiene que las poblaciones que en su momento pudieron sobrevivir a épocas de hambruna tras acumular con mayor facilidad grasa en su tejido adiposo cuando había comida, hoy en día estarían en desventaja al encontrarse en un medio con fácil acceso a los alimentos. Serían más susceptibles a la obesidad e, incluso, al síndrome metabólico.         La relación entre entorno y genes también queda patente cuando se analizan los diferentes factores ambientales que han podido condicionar la gestación de un individuo. Cada vez hay más evidencias de que una malnutrición marcada por el déficit en el periodo intrauterino puede influir en el desarrollo de sobrepeso y obesidad, en especial, durante la infancia y adolescencia, siempre y cuando también se den otras condiciones ambientales postparto. Al hilo de esta cuestión, algunos estudios proponen que un bajo peso al nacer, con una baja proporción de masa magra y, por tanto, con una menor tasa metabólica, facilitaría la acumulación de grasa, al exponerse en un entorno de sobre abundancia alimentaria.
       
       Conocer, estudiar y aprovechar las posibles influencias de un estilo de alimentación en la expresión de los genes y comprobar cómo otra forma diferente de comer puede condicionarla de distinta manera es un apasionante reto sobre el que se empieza a investigar. La epigenética estudia los cambios hereditarios de la manifestación génica no mediados por alteraciones en la secuencia del ADN. Algunos de sus avances ya se han puesto de manifiesto en modelos experimentales al comprobar que determinadas enfermedades metabólicas, como un tipo de hipercolesterolemia familiar, están influidos por la composición de la dieta.

31 de marzo de 2010

sin horarios no se come bien

      "La falta de un patrón regular en los horarios de comidas favorece la obesidad y el riesgo cardiovascular"

       Mediante nuestros hábitos de vida o nuestra alimentación somos capaces de interactuar con nuestros genes y provocar que estos se expresen o no. Si impulsamos la expresión de los genes protectores para la salud y que se apaguen o no lleguen a expresarse los genes que son dañinos, habremos logrado un hito.
      Si el individuo es obeso, polimorfismos que en principio eran protectores frente a riesgo de enfermedades metabólicas como cánceres o el infarto de miocardio, se adormecen con el exceso de peso y pierden sus capacidades protectoras. El mensaje es positivo: hemos desechado que somos consecuencia de nuestros genes. Hoy, gracias a las nutriómicas, modulamos nuestros genes con nuestras decisiones, en la vida y en la alimentación. Se ha comprobado una respuesta distinta a la dieta según los polimorfismos o las variantes genéticas de cada individuo, entre ellos el gen "clock".
"Modulamos nuestros genes con las decisiones que tomamos en nuestros hábitos de vida y de alimentación"
       El objetivo de la investigación fue examinar diferentes polimorfismos del gen reloj "clock" y su posible asociación con la obesidad de los individuos, la ingesta de energía y grasa y diferentes factores de calidad de sueño en el ser humano. Los resultados mostraron que, de los cinco polimorfismos estudiados, tres se asociaron con la obesidad y la ingesta. Los individuos portadores de la variante génica comían más, dormían menos e ingerían más grasa. Estaban más obesos y, en particular, tenían una mayor obesidad abdominal, caracterizada por ser la de mayor riesgo metabólico.
¿Lo determinaba el gen? 
       En la revista científica "American Journal of Clinical Nutrition" se ha publicado que esas asociaciones sólo se desarrollan si el individuo come mal. Es decir, los individuos con un alto contenido de grasas saturadas (bollería industrial, embutidos, etc.) en su dieta y baja ingesta de aceite de oliva fueron quienes engordaron al desarrollar polimorfismo, o tuvieron obesidad abdominal o alteraciones de la glucosa. Sin embargo, las personas que comían con un contenido en aceite de oliva (ácido oleico) superior a la media, a pesar de la variante génica, no estaban más obesos, ni tenían mayor riesgo de resistencia al metabolismo de la glucosa.
      La conclusión es interesante. Se podría decir que con una buena alimentación somos capaces de revertir los efectos perjudiciales de ciertos polimorfismos génicos.
      Se planteó la duda de si los resultados se podrían replicar en una muestra española mediterránea, por lo que analizamos el ADN de 500 pacientes del Método Garaulet -derivado de la dieta mediterránea-. Cuando analizamos los mismos polimorfismos del gen "clock", antes estudiados en la población norteamericana, comprobamos que, de nuevo, los pacientes portadores del alelo menor del gen "clock" tenían un mayor grado de obesidad y, en particular, de obesidad abdominal. También constatamos, todavía más interesante, que estos pacientes con el polimorfismo (30% de la población estudiada) perdían peso con mayor dificultad durante las 30 semanas de tratamiento dietético.
 
¿Se puede decir que tenemos un reloj biológico que marca el efecto de los alimentos?
       Los humanos tenemos en nuestro cerebro una región denominada "núcleo supraquiasmático". Se localiza encima del quiasma óptico y es capaz de poner en hora nuestro organismo, es nuestro reloj central. En él se expresan una serie de genes que dan lugar a proteínas que ponen en marcha el reloj central. Estos genes, llamados genes reloj, forman dímeros y, así, se dividen en dos grupos: unos que activan este reloj central, como el "bmal1" y el "clock", y otros que lo desactivan o deceleran, como son la pareja "per" y "cry". La expresión y traducción de estos genes en proteínas tiene un ritmo circadiano, es decir, de 24 horas. Hay unos 12 genes reloj que están en constante funcionamiento en el cerebro humano.
 
¿Cómo han llegado a obtener estos resultados?
      La ciencia ha probado el funcionamiento de diferentes relojes periféricos en distintos tejidos. Recientes descubrimientos confirman que el corazón, el hígado y el páncreas tienen relojes periféricos que funcionan de manera autónoma, aunque el reloj central es capaz de modularlos. Un equipo español de investigación ha sido pionero en demostrar que el tejido adiposo humano también dispone de un reloj circadiano interno, lo que tiene gran relevancia en la relación entre obesidad y cronobiología. Los resultados obtenidos en cultivos de tejido adiposo humano han demostrado que la grasa humana expresa genes reloj, que además fluctúan a lo largo de 24 horas y que parecen ser capaces de regular y poner en hora a otros genes importantes del metabolismo adiposo.

       Todo apunta a la idea de que en el funcionamiento del tejido adiposo hay horas. Esto podría indicar que el exceso de grasa en el organismo humano, es decir, el sobrepeso y la obesidad, no sólo se asocian con qué comemos, sino también con cuándo lo hacemos. Podría suceder que comer a ciertas horas favoreciera una mayor acumulación de grasa.
       Esto podría explicar cómo está contraindicado para un individuo comer determinados alimentos si quiere tratar su trastorno. 
¿El consumo de pan, un alimento muy consumido en nuestro país, tendría un mayor rendimiento energético en unas personas que en otras?
       Se sabe ya que un nutriente tan señalado como la glucosa, que se halla básicamente en alimentos del grupo del pan, se absorbe y metaboliza mejor por la mañana que por la noche, lo que puede tener consecuencias metabólicas importantes en el individuo. Otro ritmo circadiano muy conocido es el de los corticoides. Estas hormonas, que ayudan a activarnos, también aumentan el apetito y sus concentraciones son mayores por la mañana para ayudarnos a enfrentamos a la actividad matutina. Por la noche, en cambio, los corticoides disminuyen para permitirnos dormir con tranquilidad. Cuando hay alguna alteración en estos ritmos, como en situaciones de estrés o en trabajos a turnos, la fisiología del individuo se modifica, se altera su sueño, su ingesta y se ha descrito que en estas circunstancias el individuo suele engordar.
 
¿Se entiende que hay un momento óptimo para comer?
      Es conocido que retrasar la comida hacia la noche no es adecuado y que, sin embargo, es más aconsejable tomar un elevado contenido calórico en el desayuno, por la mañana. Nuestras hormonas y enzimas tienen horarios fisiológicos marcados por nuestro reloj interno. Si comemos a deshora, no tendremos sincronizadas nuestras hormonas y enzimas fisiológicas con nuestra ingesta, esto puede llevar a una situación de "lipotoxicidad", es decir, que el exceso de energía que tomemos tenga más efectos negativos sobre nuestro organismo porque se acumule en zonas indeseables, como hígado o páncreas, o que se dificulte su oxidación.
      Entonces, la diferencia entre la ganancia y la pérdida de peso está determinada en parte por el momento del día en que se come, más allá del valor energético de la propia comida.
      Aunque el valor energético es lo más importante, el momento de ingesta puede condicionar que los alimentos se acumulen más o menos o tengan una mayor o menor lipotoxicidad, aunque todavía falta mucha investigación en este sentido.
      Sabemos que la alimentación es, junto con la luz, el sincronizador externo más importante de los ritmos circadianos de nuestro organismo. Los humanos comemos, en general, a las mismas horas. Recientes estudios han demostrado que la falta de un patrón regular en los horarios de comidas favorece la obesidad y el riesgo cardiovascular. Si picamos continuamente o alteramos los ritmos de comidas, la información que recibe el organismo es confusa y los ritmos circadianos internos se alteran y causan cambios importantes en nuestro metabolismo, en nuestra ingesta y en el peso. Sabemos que es importante qué se come, pero también seguir una cierta regularidad en las comidas.
       
      Diversos estudios sobre la tolerancia a la glucosa y la actividad de la insulina en el organismo humano demuestran una mayor sensibilidad de las células a la insulina y una mayor actividad de esta hormona durante el día. Ante estos resultados, ¿en condiciones normales el organismo metabolizará mejor durante el día los nutrientes energéticos, como los carbohidratos que precisan insulina? ¿De ahí la importancia de un desayuno completo y un almuerzo o comida consistente?
       La insulina tiene horarios y esto lo saben muy bien los pacientes con diabetes. Por la mañana, sobre las diez, nuestro tejido adiposo es capaz de producir altas cantidades de una proteína llamada "adiponectina", considerada un ángel de la guarda, ya que nos protege frente a la resistencia a la insulina. Cuando la cantidad de adiponectina es elevada, la insulina funciona mejor y, en parte, es por ello que durante la mañana tenemos una mejor tolerancia a los carbohidratos que por la noche.