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14 de abril de 2013

Mucho más que un recipiente


       Ya existen envases con forma de vaso que calientan el café o la sopa, botellas de cerveza cuya etiqueta cambia de color cuando están frías, cáscaras de gambas que se transforman en plásticos para envasar o envolturas comestibles que se pueden lavar y que se asemejan a la cáscara natural de una fruta. No es ciencia ficción; el negocio y la investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en torno a los envases alimentarios tienen claro en estos momentos lo que buscan: productos que protejan, sean cómodos para el consumidor y respetuosos con el medio ambiente, a un coste razonable. El profesor emérito del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA-CSIC) Ramón Catalá, que lleva más de 45 años investigando sobre envases para alimentación, asegura que "las líneas de desarrollo son muchas" y que "no hay ningún envase perfecto, ya que no todo envase sirve para todo".
    Esta es la razón por la que ahora, en la segunda década del siglo XXI, convivan el envase de vidrio (que data del año 3.000 antes de Cristo), la hojalata (principios del siglo XIX) y los plásticos procedentes del petróleo (en torno a 1950) o de fuentes naturales.
     "La sociedad actual no existiría sin los envases", apunta Catalá, quien precisa que en los últimos años "el dinero y las razones ecológicas priman antes de buscar materiales complicados".
    Según sus datos, sobre lo que más se investiga es en materiales plásticos, especialmente polímeros de alta barrera, biopolímeros y nanocomposites que buscan -entre otros aspectos- evitar la permeabilidad del plástico, que permite el intercambio gaseoso.
    El centro tecnológico agroalimentario Ainia celebrará en Valencia el próximo mes de abril, junto al Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), tres jornadas sobre los desafíos tecnológicos y legislativos en el envase plástico, al que asistirán industrias alimentarias y de envases, administración e investigadores.
    
Según uno de sus organizadores, el jefe del Departamento de Tecnologías del Envase del Ainia, Carlos Enguix, "para cada alimento se puede hacer un traje a medida" que lo envuelva.
    En este foro -MeetingPack- se presentarán novedades como aleaciones de plásticos que pueden mejorar las propiedades del polietileno y que permitirán no tener que cambiar de envase para calentar, avances en las condiciones de sellado o nuevos materiales con alta barrera para procesos de esterilización.
    "Hay una tendencia muy importante, la reducción de espesores en plásticos, con más capas pero más finas que da como resultado un material con las mismas prestaciones, una reducción de costes y menor impacto ambiental", resalta Enguix.
    El responsable de la línea de negocio de envase y embalaje de Aimplas, Pedro Melgarejo, cree que la industria del envase plástico tiende a desarrollar materiales sostenibles con la incorporación de material reciclado, biodegradable y bioplásticos, y envases inteligentes que interaccionan con el producto.
    Pero el problema es "la aplicación en los envases de las nuevas tecnologías que avisen al consumidor de si, por ejemplo, un producto está o no en buen estado con costes bajos", advierte el gerente de márketing de lácteos de Tetra Pak, José Luis Velilla.
    Tetra Pak, que en España y Portugal vendió 7.716 millones de envases de cartón en 2012, cree que los tres ejes que persigue un producto eficaz pasan por la protección, la comodidad o conveniencia de que se pueda consumir en distintos momentos y lugares, y la reducción de emisiones de CO2 en su producción sin elevar costes.
    Desde el sistema integrado de gestión (SIG) de residuos de envases usados Ecoembes, Antonio Barrón destaca la reducción conseguida en el peso de los envases, y pone como ejemplo que "un envase de yogur pesa la mitad que hace diez años" gracias al "ecodiseño" desarrollado.
    Según Barrón, la tasa de reciclaje en España ha pasado del 5 al 70 % entre 1998 y 2012, un porcentaje que llega al 82,2 % para cartones, el 77 % para latas de metal y el 50 % para plástico.
    Óscar Hernández, uno de los ponentes de las jornadas sobre materiales en contacto con los alimentos que la patronal de la industria alimentaria española (FIAB) celebró recientemente, defiende que en alimentación y en seguridad alimentaria se hable más del continente y no solo del contenido.
    "En la FIAB hay empresas que utilizan la innovación para diferenciarse tanto en productos como en envases, y otros modelos de que apuestan por competir en precios", remarca.
    Hernández cree que es necesaria una política y un criterio "de ámbito europeo, sin enfoques nacionalistas", sobre materiales en contacto con los alimentos.

FUENTE: Agroinformación

12 de marzo de 2013

Guía para reducir el derroche alimentario


Ahora más que nunca se está trabajando en reducir al máximo el desperdicio alimentario, se realizan denuncias a la vez que se ofrecen pautas para reducir el desperdicio de comida, recordemos por ejemplo la guía Abra los ojos ante los desperdicios, repasemos los consejos para tirar menos residuos alimentarios, ahorrar y proteger el medio ambiente, y las denuncias al sector de la distribución, y en general sobre las toneladas de alimentos que se tiran a la basura.

Tenemos una nueva herramienta que nos llega de la mano de la Fundación Alícia y la Oficina de Medio Ambiente de la Universidad Autónoma de Barcelona, se trata de una guía para reducir el derroche alimentario en el sector de la hostelería, la restauración y el catering titulada ¡Aprovechemos la comida!.

Esta guía se publicó hace unas semanas pero sólo estaba en catalán, pero ahora ya está disponible también la versión en castellano de la guía ¡Aprovechemos la comida!, con la que se pretende aportar un granito de arena contra el derroche alimentario.

Es una publicación gratuita y podéis descargarla a través de este enlace (Pdf). Esta guía para reducir el despilfarro alimentario está especialmente destinada al sector de la hostelería, pero no dejará de ser una lectura interesante para todos, siempre hay algo que aprender y además que ayudará a comprender el funcionamiento de dicho sector.

Tras la introducción sobre el derroche de alimentos, se tratan cuestiones como las medida legales que afectan al despilfarro alimentario, los costes que ello supone, cómo reducirlo planificando la compra, realizando un adecuado almacenamiento y mejorando las prácticas en la elaboración de los alimentos e incluso cómo aprovechar la comida sobrante.


11 de diciembre de 2012

¡¡Del campo al contenedor!!: ¿¿Estamos locos???


     En España, 7,7 millones de toneladas de alimentos —163 kilos por persona, de media— que podrían haberse consumido, o a los que se pudo haber dado otro uso, acaban en la basura cada año. Son productos que se desechan a causa de los malos hábitos de consumo, los altos estándares de calidad de las empresas —que rechazan los que no cumplen sus cánones estéticos— o la mala planificación de comercios y ciudadanos. Una realidad escandalosa que se hace aún más aberrante a medida que aumentan los estragos causados por la crisis: el 27% de la población se encuentra en riesgo de pobreza. El Gobierno busca ponerle coto ahora a este problema con una estrategia para concienciar del valor de los alimentos, y estudia cambiar la normativa para que aquellos productos que vayan a desecharse se reutilicen o se donen.
     Su objetivo es, además, analizar las reglas con las que las empresas hacen sus cribas antes de que el producto llegue al consumidor. Patrones que llevan a rechazar alimentos perfectamente buenos solo por criterios estéticos. Estándares “excesivamente estrictos”, según el experto británico Tristram Stuart, profesor de Historia Medioambiental en la Universidad de Sussex. Stuart pone varios ejemplos: kilos de tomates que se consideran demasiado pequeños para la venta, manojos de zanahorias retorcidas y algo rajadas... Alimentos que nadie garantiza que no terminen en los contenedores. Algo que las autoridades tratarán de evitar. También que aquellos productos cuya fecha de consumo preferente vaya a pasar —siguen siendo seguros pero no conservan todo su sabor, color o aroma— se reintroduzcan en el ciclo alimentario de alguna forma y no se destruyan sin más.

      La idea satisface a las organizaciones de consumidores, que no obstante se muestran cautas sobre la verdadera suerte de los productos rescatados y la intención última de la estrategia del Ministerio de Agricultura. “Hay que evitar el despilfarro, pero sospechamos que cualquier cambio regulatorio irá orientado a que la industria pueda acabar comercializando esos productos desechados a un precio menor y obtenga un beneficio”, opina Ruben Sánchez, portavoz de Facua. “Lo primero que debería hacerse es prohibir que se tiren los excedentes de producción. La industria tira los alimentos que superan el cupo determinado para evitar que bajen los precios. Les sale más barato desecharlos”, añade.
     El diputado de Compromis-Equo Joan Baldoví propuso hace poco una iniciativa parlamentaria para frenar el desperdicio. En ella se incluían medidas coercitivas para aquellos que despilfarrasen con prácticas como la de eliminar los excedentes. Sin embargo, a pesar de la contradicción que supone que el Gobierno prepare ahora su propia estrategia, su propuesta fue rechazada por el PP. Baldoví pretendía aplicar el principio de “quien contamina paga” para frenar unos residuos que tienen un elevado coste medioambiental y social.
Agricultura y 100 empresas acuerdan optimizar los excedentes
Porque el problema se produce a lo largo de toda la cadena. Desde el campo o la granja hasta la mesa. Pero uno de los principales problemas, reconoce Fernando Burgaz, director general de Industria Alimentaria, es que no se tiene información exacta de cuánto ni de todos los factores que influyen en esta práctica. “Se revisarán las normas de calidad, se tendrán en cuenta los tipos y la tecnología de envasado, si las fechas de caducidad y consumo preferente son las correctas, los tiempos de distribución, los hábitos de consumo. Todo eso cuenta en el despilfarro de alimentos”, explica Burgaz.
    Los datos de la Comisión Europea sitúan a España como el sexto país de la UE que más despilfarra. Por delante están Alemania, Holanda, Francia, Polonia e Italia. En toda Europa tiran a la basura 89 millones de toneladas de alimentos. Una cifra que el Parlamento Europeo ha instado a reducir. En Reino Unido, Holanda o Irlanda ya han iniciado programas para hacerlo. Sobre todo, con campañas de sensibilización para consumidores y distribuidores.
     En España, el ministerio de Miguel Arias Cañete ha firmado un convenio con la Federación Española de Bancos de Alimentos y la Asociación Multisectorial de Fabricantes y Distribuidores (AECOC), al que se han adherido más de 100 empresas, para frenar el desperdicio. Las compañías se comprometen a reducir ese despilfarro siendo más eficientes en la producción, reduciendo los tiempos de distribución y planificando mejor sus producciones para evitar que las mercancías se acumulen, cuenta el secretario general de AECOC, José María Bonmatí.
     “Tenemos que optimizar y reducir el desperdicio casi a cero. Es una cuestión social, pero también medioambiental”, afirma Bonmatí, que reconoce que hay margen de mejora. “Muchas veces, por ejemplo, la propia dinámica comercial hace que las fechas de retirada sean anteriores a las del fin de la vida útil de los productos. También hay que vigilar el transporte y la logística. Hay que hacer una planificación correcta”, apunta el responsable de AECOC, que explica que, dentro del acuerdo con Agricultura, las empresas se comprometen a aprovechar al máximo los excedentes que se generen. Sea elaborando otro tipo de productos —alimentación animal, cosméticos— o redistribuyéndolos.
      La industria no apoya que se cedan alimentos pasados de fecha pero inocuos
      Una de las formas de darles uso es donarlos a organizaciones o bancos de alimentos. Ya se hace en algunos casos con excedentes de frutas y verduras. También, explica Tomás Fuertes, presidente de ElPozo Alimentación —una de las compañías firmantes del acuerdo—, con otros productos cuyo envase, por ejemplo, se ha deteriorado. “Nosotros cada día hacemos una revisión de todos los productos que se van a expedir y aquellos que tienen cualquier defecto de etiquetado o de presentación, como una arruga, pero que son productos perfectamente óptimos para el consumo, se donan a las distintas ONG e instituciones con las que colaboramos”, apunta.
     Los que no se donan son aquellos productos cuya fecha de consumo preferente acaba de pasar o está cerca. Algo “incomprensible”, según los responsables de las organizaciones que tienen programas de ayuda para alimentación a personas en riesgo de exclusión. “Son alimentos que son sanos e inocuos, pero que quizá no estén tan frescos. Se podrían donar perfectamente”, apunta José Antonio Busto Villa, director general de los Bancos de Alimentos, entidades que el año pasado dieron de comer a dos millones de personas en España. A Carlos Susías, presidente en España de la Red Europea contra la Pobreza, la idea no le parece mal, pero avisa: “Tienen que ser alimentos buenos y seguros. No deben ser alimentos de desecho para personas consideradas de desecho”. La estrategia, dicen los expertos, podría ayudar algo a paliar los recortes sociales y la reducción de fondos que la UE planea para esos programas en los próximos presupuestos —propone una partida de 2.500 millones de euros para gastar de 2014 a 2020, pero no todos los países apoyan la modesta cifra—. “Reducir el despilfarro es bueno, pero no soluciona el problema. El Gobierno debe centrarse en mejorar las condiciones de acceso a los alimentos para todos los ciudadanos”, incide Susías.
      A Busto Villa le satisface que Agricultura revise las condiciones de la donación, y aspira a que se fomente la entrega de alimentos en buenas condiciones, pero cuya fecha de consumo preferente ha pasado. Pero esa opción no convence a los fabricantes. “Cualquier empresa que esté envasando su marca quiere que ese producto responda a sus estándares de calidad. Vaya donde vaya. Y hay algunos productos que van perdiendo condiciones organolépticas”, dice el responsable de AECOC. Lo que harán los fabricantes, recalca, es revisar a fondo y más habitualmente las fechas límite de sus productos. “Ahí se puede trabajar”, opina.
    Y es que ese es otro de los posibles factores del desperdicio masivo. El tiempo de duración de un alimento se vuelve a medir cuando cambia alguno de los ingredientes o su envase. Sin embargo, expertos como Stuart, que ha liderado investigaciones sobre desperdicio, creen que esas fechas límite son “demasiado prudentes”.
     Muchas frutas y verduras se rechazan solo por criterios estéticos
     Las autoridades españolas estudiarán, dentro de la estrategia de Agricultura, si ese tiempo límite que la industria impone a sus alimentos es correcto. “Las tecnologías de envasado han evolucionado, con lo que muchos productos pueden tener más vida útil de la que tienen reconocida oficialmente”, apunta el director general de Industria Alimentaria, que explica que también se tendrá en cuenta si el tamaño de los envases se adapta a las necesidades de los consumidores o promueve el desperdicio.
     Esta, opina, puede ser una de las claves. El 42% de los desechos alimentarios se produce en los    hogares, según estimaciones europeas. “Ahí se tira una parte importante de productos. Sea porque la gente puede tender a acumular, porque no los conservan bien o porque no tienen información suficiente de cómo hacerlo. También porque la mayoría confunde la fecha de caducidad con la de consumo preferente”, argumenta el responsable de los Bancos de Alimentos. Una opinión que comparte Sánchez, de Facua. Ambos piden que se cree una regulación para que en los envases conste una sola fecha, “la del último día que se puede consumir el producto sin riesgo”, pide Busto Villa. “Además, las etiquetas deberían tener información de qué propiedades pierde el producto a partir de una fecha”, dice Sánchez.
     Pero la industria no tiene planes de cambiar el etiquetado, por el momento. Sin embargo, el responsable de AECOC explica que las compañías iniciarán —junto a Agricultura— una campaña de información al consumidor sobre las condiciones de conservación y consumo. También participarán las superficies comerciales, porque mercados, supermercados y tiendas generan el 5% de los desperdicios. No parece una cifra muy alta, pero aún así son muchos los productos acaban en el contenedor.
     ¿Qué se hace para evitarlo? Beatriz García Cabredo, directora de Responsabilidad Social Corporativa de Makro, explica que una buena planificación es vital. También el tratamiento del producto. “Se cuida la mercancía desde que llega para que no se produzcan roturas y se trata de conservar bien la cadena de frío en los productos frescos para que no se estropeen”, dice. Aun así, reconoce, hay alimentos que ya no se pueden vender y que se donan: latas golpeadas, productos que ya no son vistosos y que los restaurantes no querrán, alimentos cuya fecha va a vencer ¿Y aquellos cuya fecha ha vencido? “Esos se destruyen. Pero intentamos que no pase”, dice Cabredo.
      Antes de llegar a la tienda también se desperdicia. Las empresas productoras generan el 39% de los desechos. Y es que a veces las normas por las que se rige la comercialización de productos frescos —verduras, hortalizas— impiden la venta de los que tienen alguna imperfección o no tienen el tamaño adecuado. Por ejemplo, una patata de la variedad nueva que tenga un brote de más de tres milímetros no se puede vender. “No pasa la criba de la empresa que las lava y las envasa y puede que acabe en la basura. Las empresas creen que el consumidor no querrá esos productos un poco imperfectos o temen que meterlos en el mercado baje el precio”, apunta Diego Juste, de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Ellos son el primer eslabón de la cadena y también originan desperdicios.
     “Se intenta derivar los excedentes a la industria para fabricación de derivados. Se dona lo que se puede. Se busca tirar lo menos posible”, dice. Pero, como denuncia la Organización de Naciones Unidas para Agricultura (FAO), a veces a las empresas les resulta más caro reutilizar el producto —fabricando otra cosa o donándolo— que tirarlo. La distribución de la mercancía a los bancos de alimentos cuesta, y además debe ser ágil.

21 de junio de 2012

Un plástico con moléculas de ajo conserva los vegetales más tiempo


La investigación desarrollará un envase activo y biodegradable para productos alimentarios recién cortados.

       
La investigación desarrollará un envase activo y biodegradable para productos alimentarios recién cortados elaborado con un termoplástico al que se añaden moléculas de origen natural microencapsuladas. Los expertos han demostrado que estos aditivos mejoran las propiedades del producto, ya que aumentan el tiempo de conservación y la seguridad frente a posibles microorganismos alterantes y patógenos. Además evitan el proceso de oxidación de las frutas y verduras que le confieren un color pardo, informa la Fundación Descubre.La empresa granadina Domca S.A.U. ha obtenido aditivos de origen vegetal que se incorporarán a un envase de plástico biodegradable destinado a conservar las frutas y verduras frescas listas para el consumo, en el marco del proyecto europeo PLA4food.
       En concreto, la empresa Domca proporciona los aditivos procedentes del ajo que  incorporan al envase. Para ello, los expertos obtienen estos principios activos a partir de un proceso de extracción orgánica desde la pasta de ajo.
      A partir de esta materia prima, obtienen moléculas que combaten los microorganismos existentes en las frutas y verduras envasadas. "Se trata de aditivos con propiedades antimicrobianas y antifúngicas, es decir, combaten las bacterias y mohos que pueden surgir en los vegetales y provocan enfermedades como la Salmonelosis", explica a la Fundación Descubre la responsable de proyectos de Domca, Cristina Núñez.
      Hasta el momento, el principal inconveniente de las moléculas era su aroma, ya que al obtenerse del ajo conservaban su característico olor. Sin embargo, una de las novedades del proyecto es la microencapsulación, es decir, los aditivos se incorporan en pequeñas cápsulas que se insertan en los poros de la capa del plástico en contacto con los vegetales. "Las cápsulas del plástico comienzan a actuar progresivamente, desde el mismo momento del envasado. De esta forma, tenemos un mayor control sobre el proceso de conservación, ya que la liberación se sostiene en el tiempo. Esto aumenta la vida útil del producto y, por tanto, su valor económico", destaca Núñez.

FUENTE: Besana Portal agrario

20 de abril de 2012

NutriChip: Intestino artificial para analizar la digestión de los alimentos


NutriChip es una pared intestinal artificial en miniatura, que se puede utilizar para identificar los alimentos que causan inflamación en el cuerpo humano.

La prevención de la enfermedad inflamatoria crónica

Según el Centro de Investigación Agroscope Liebefeld-Posieux (ALP), que está colaborando en el proyecto, por lo general, una vez que un determinado alimento ha sido digerido y absorbido por el intestino, incorpora ciertas moléculas en el cuerpo, como el ácido palmítico.
Estas moléculas desencadenan una respuesta inmune, en la forma de inflamación leve temporal, y luego se pueden encontrar en la sangre los biomarcadores para la inflamación, especialmente las citoquinas.
El NutriChip es una pared intestinal artificial en miniatura que se puede utilizar para identificar los alimentos que causan inflamación en el cuerpo humano
Los investigadores advierten que este es un fenómeno normal, pero debe ser supervisado, si esto sucede una y otra vez durante un largo periodo de tiempo, puede sentar las bases para enfermedades inflamatorias crónicas.
Según el LMIS2, la plataforma NutriChip hace posible comparar diferentes alimentos en términos de su capacidad para reducir las concentraciones de esos biomarcadores - y por lo tanto, posiblemente, su capacidad para reducir la inflamación en sí.
El equipo de investigación inició sus pruebas con leche, un alimento ampliamente consumido en Suiza.
El equipo de investigación inició sus pruebas con leche, un alimento ampliamente consumido en Suiza
Algunos estudios han demostrado que los productos lácteos pueden reducir la concentración de los biomarcadores inflamatorios en la sangre, mientras que otros no encontraron ninguna reducción significativa en las concentraciones.
Con la NutriChip, el LMIS2 asegura que podrá hacer una contribución a este debate.

Las complejidades de la digestión artificial

El cuerpo humano es complejo, y el diseño de una miniatura del sistema digestivo artificial resultó ser muy exigente.
Algunos estudios han encontrado que la leche puede reducir la concentración de biomarcadores inflamatorios en los seres humanos
La solución proporcionada por los investigadores de la EPFL en última instancia tomó la forma de un chip de dos niveles, cuyos niveles están conectados a través de una membrana porosa.
El nivel superior, que representa la pared intestinal, está hecha de una capa homogénea de células epiteliales cultivadas.
El nivel inferior representa el sistema circulatorio y se compone de células del sistema inmune, y macrófagos en particular.
El trabajo de los macrófagos dentro del cuerpo humano es mantenerlo limpio: cuando se encuentran con agentes potencialmente peligrosos, liberan moléculas como las citoquinas que activan otras células del sistema inmunitario.
La plataforma NutriChip utiliza sensores ópticos CMOS de alta resolución desarrollados por el Laboratorio Integrado de EPFL Sytems con el fin de detectar y medir con precisión la producción de citocinas de las células inmunes que están en el otro lado de la capa de células de la pared intestinal.
Estas mediciones, que se realizan utilizando fluorescencia, muestran exactamente la cantidad de inflamación causada por un alimento dado.
Según el LMIS2, tienen que reproducir todas las etapas del proceso digestivo antes de que la comida llegue al intestino.
La leche, por ejemplo, es sucesivamente digerida por las enzimas y los componentes químicos de la saliva, los jugos gástricos, los jugos pancreáticos y la bilis. La mezcla que emerge de este proceso se aplica entonces al nivel superior del NutriChip.

¿La leche es un anti-inflamatorio?

Algunos estudios han encontrado que la leche puede reducir la concentración de biomarcadores inflamatorios en los seres humanos, pero estos resultados necesitan ser confirmados.
Por otro lado, en el Hospital de la Universidad de Berna se están realizando estudios en voluntarios para encontrar vínculos entre la masa corporal, la dieta y la producción de citoquinas pro-inflamatorias.
Los participantes del estudio comen varios tipos de comidas, y luego después se miden sus niveles de citocinas con un análisis de sangre.
Según los investigadores, los análisis de sangre podrían decir si se pueden obtener los mismos resultados con el intestino artificial NutriChip.
Si el equipo del proyecto no obtiene los mismos resultados, esto abrirá el camino para la selección in vitro de diferentes tipos de alimentos para determinar su potencial pro-o anti- inflamatorio.
Los alimentos más prometedores podrían ser probados con mayor intensidad con estudios nutricionales.

de la hierba que come la vaca al queso en su mesa


Este proyecto pretende aumentar el valor de los quesos de la zona de Turin. A su vez proporciona a los consumidores visibilidad del origen del producto, garantiza la calidad, mejora la logística, y elimina la falsificación de quesos. 

Dado el éxito del piloto, en 2011 se desplegará  la próxima fase del proyecto en forma masiva, involucrando ahora a las tiendas de Turin y a un delikatessen de Nueva York.La falsificación de queso de alta calidad es un problema constante en Italia, ya que los quesos alpinos cuestan de 30 a 100% más que los productos similares de otras zonas. 
Los consumidores podrán obtenber los datosdel queso a través de lecrtores manuales en las tiendas o a través de un código 2D que puede ser leído por un teléfono móvil. 

conservar líquidos a temperatura ambiente sin utilizar aditivos

      El sistema UHPH (de las siglas inglesas Ultra Alta Presión Homogeneización) es aplicable a todo tipo de producto líquido y especialmente apropiado para alimentos. Buenaventura Guamis, director del Cerpta y catedrático de Tecnología de los Alimentos de la UAB, señala que se trata de un sistema “totalmente novedoso y sólo comparable con el sistema UHT (Esterilización a Ultra Alta Temperatura), pero con la ventaja añadida de que, además de esterilizar, minimiza el daño térmico al producto y favorece su estabilización. Esto permite reducir o eliminar los aditivos que se añaden habitualmente para conservar sus características de gusto, sabor, textura u olor”.
    El sistema protege además los componentes bioactivos de los alimentos, como las vitaminas o los ácidos grasos poliinsaturados, mediante un proceso de encapsulación que aumenta su resistencia ante factores que podrían alterarlos. La nueva tecnología consiste en una combinación de altas presiones dinámicas y homogenización. En el campo de las altas presiones se diferencia claramente de las altas presiones hidrostáticas HHP (Hidrostatic High Pressure). Mientras éstas dependen fundamentalmente de la presión y solamente pasteurizan los alimentos —se tienen que conservar en refrigeración— el sistema UHPH combina diferentes efectos de presión, mecánicos y de temperaturas, esterilizándolos y estabilizándolos. Esto permite que se conserven a temperatura ambiente entre seis y nueve meses manteniendo las propiedades nutricionales del producto fresco.

17 de abril de 2012

PET resistente a altas temperaturas

Este nuevo envase de PET puede trabajar a una temperatura hasta 10 grados más alta en el proceso de llenado y les ofrece a los envasadores que usan vidrio la opción de cambiarse al plástico, lo cual provoca una reducción del peso del 85%.

Nissei ASB trabajará exclusivamente con APPE en el desarrollo de este envase de PET cuyo lanzamiento en Europa y Turquía está previsto para finales de 2012.APPE y Nissei ASB producirán este envase plástico pasteurizable de boca ancha que tiene un sistema de doble soplado de cuello ancho.

Trabajo a altas temperaturas

Kinza Sutton de APPE señaló que se está utilizando un proceso de fabricación especial para incrementar de manera significativa la tolerancia del envase a las altas temperaturas.
Hasta ahora el PET sólo podía trabajar a temperaturas inferiores a 85 grados y sin llevar a cabo ningún proceso de pasteurización posterior al llenado, por lo cual este nuevo desarrollo representa un paso adelante en materia tanto de tecnología como de apertura de mercados y de aplicaciones.
Este envase de PET puede utilizarse para conservas vegetales, mermeladas, salsas caseras, productos hechos a base de tomate y otros alimentos que requieren el llenado en caliente así como ser sometidos a un proceso de pasteurización.


Lo que diferencia este nuevo envase de PET de los demás existentes actualmente en el mercado es su capacidad tanto de someterse al proceso de llenado a temperaturas más altas como de ser pasteurizado cuando está lleno.
Posibilidades y ventajas del PET

Sutton añadió que éste es un gran salto tecnológico en el campo del PET porque abre para los productos nuevos mercados y aplicaciones que hasta hace poco eran impensables.
Esto significa que ahora el PET es una alternativa viable frente a otros materiales de envasado como el vidrio.
Actualmente APPE y Nissei ASB están haciendo las pruebas de evaluación de este nuevo envase de PET.
A partir de ahora los envasadores y los procesadores de alimentos podrán utilizar envases de PET en algunas aplicaciones en las que los materiales como el vidrio y el polipropileno solían ser las únicas opciones existentes.
El PET tiene algunas ventajas con respecto al vidrio como la reducción sustancial del peso, de los costes de transporte y de la huella de carbono.
También es necesario mencionar que en términos de seguridad el PET ofrece muchos más beneficios que el vidrio porque se elimina el riesgo de que los envases se rompan en las líneas de llenado, mientras son transportadas o en el punto de venta.
Con este nuevo envase de PET pueden utilizarse los tapones de cierre de metal convencionales.

16 de abril de 2012

nuevo intercambiador de calor

FusionLine, el nuevo intercambiador de calor de placas de flujo abierto de Alfa Laval, es una gran elección para el tratamiento de productos de viscosidad baja o media con fibras y partículas, como zumos y refrescos, alimentos preparados, sopas y salsas, que tradicionalmente han sido procesados con intercambiadores multitubulares.
Al ampliar los límites a la tecnología, como se observa en la línea de puntos del diagrama de abajo. FusionLine permite a los fabricantes de comida y bebida optimizar su rendimiento sin sacrificar la calidad del p roducto final, sus características o su economía.
Combinando los beneficios de esta forma, se añade una dimensión adicional en cuanto a la libertad de elección de la tecnología. Ahora el proceso y el cliente pueden imponer la solución en mayor medida.
Javier Cao, Responsable de Procesos Alimentarios y Farmacéuticos de Alfa Laval, comenta: "FusionLine es un complemento excelente a las tecnologías tradicionales y proporciona un nuevo nivel de flexibilidad. Es una solución que debería mantener bajos los costes de producción y alta la calidad final del producto".

Tecnología Patentada: FusionLine PHE Tradicional

FusionLine presenta un canal abierto de 4-6 mm en uno de los lados del producto (rojo), el cual es fácil de limpiar in situ (CIP) y totalmente accesible. El diseño de canal abierto se ha hecho posible mediante cassettes de placa conectados en el lado medio (azul). Las cassettes están conectadas utilizando la tecnología AlfaFusion, patentada por  Alfa Laval, la cual une dos placas inoxidables en una sola pieza, sin necesidad de juntas.
La tecnología AlfaFusion permite el uso de placas finas, que proporcionan una transferencia de calor optima, y mantienen, por tanto, una alta resistencia a la presión del producto. La geometría de canal único asegura un tratamiento suave del producto. Las placas se pueden añadir y quitar fácilmente, proporcionando la flexibilidad para reaccionar a cambios en el volumen de producción. Su tamaño es, además, un 3 0 o 40% más pequeño que el del intercambiador de calor tubular equivalente, lo que permite instalarlo en espacios más reducidos.
La Diferencia de FusionLine:
Cero puntos de contacto en el lado del producto
Baja caída de presión
Superficie pequeña
Fácil de limpiar y de inspeccionar
Todo cubierto
El intercambiador de calor con canales de flujo abiertos, FusionLine es la última incorporación a una cartera de productos ya de por sí amplia. Alfa Laval puede ofrecer el intercambiador de calor adecuado para procesar comida, productos lácteos y bebidas  desde intercambiadores de placas y multitubulares a  intercambiadores de calor de superficie rascada. Todo está cubier to  Incluso las tareas de condensación y evaporación.

27 de febrero de 2012

Diseñan un dispositivo que reduce los costes en la liofilización de alimentos

Investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y el CSIC han diseñado un dispositivo ultrasónico que reduce costes y consumo energético en la liofilización de alimentos, y que podría aplicarse también al tratamiento de productos farmacéuticos, químicos o cosméticos. Según un comunicado de la UPV, el sistema de ultrasonidos de alta intensidad, patentado por el Grupo de Análisis y Simulación de Procesos Agroalimentarios (ASPA) de la UPV y el Grupo de Ultrasonidos de Potencia del CSIC, permitiría extender la liofilización de alimentos a productos de consumo diario como especias, infusiones, frutas y verduras.
La liofilización es una de las técnicas de deshidratación que mejor mantiene la calidad de los productos, aunque la necesidad de aplicar vacío para acelerar el proceso no permite realizar una producción en continuo convirtiéndola en una técnica muy cara, exclusiva de productos con muy alto valor añadido.
Una alternativa viable sería la liofilización a presión atmosférica, pero éste resulta un proceso extremadamente lento, según las fuentes, que indican que el sistema ultrasónico patentado permite liofilizar en continuo el producto a presión atmosférica de forma mucho más rápida, manteniendo la calidad y reduciendo el consumo de energía asociado a este proceso.
La técnica se reserva a alimentos de precio alto como puede ser el café instantáneo, alimentos para alpinistas, leches infantiles o sopas instantáneas, aunque al rebajar el coste del proceso podría abrirse a otros productos.
Antonio Mulet, investigador del Grupo ASPA y profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural (Etsiamn) de la UPV, ha explicado que durante las pruebas de estudió la eliminación del agua y de etanol con el que previamente se había impregnado la muestra.
En el caso de la eliminación de agua en manzana, se consiguió una reducción del 70 por ciento del tiempo de liofilización, mientras que en la eliminación de etanol el tiempo de tratamiento se redujo un 80 por ciento.
Esta tecnología podría aplicarse también en el sector químico, farmacéutico y biotecnológico, ya que, según los investigadores, se prevé que la mitad de los medicamentos inyectables aprobados en los próximos 5 años requieran de liofilización.
La liofilización permite mayor estabilidad a los principios activos y una rehidratación más rápida, y además mejora la deshidratación de productos sensibles al calor al realizarse a bajas temperaturas.
Nuestra técnica podría aplicarse a productos como reactivos, microorganismos, vitaminas, plasma sanguíneo o medicamentos que se pueden transportar y almacenar fácilmente para luego reconstituirlos", según Juan Cárcel, investigador del grupo ASPA y profesor de la Etsiamn de la UPV.

FUENTE: AGROINFORMACIÓN

17 de febrero de 2012

Investigan cómo alargar la vida de los quesos procesados, bollos y pasteles

El proyecto busca esos objetivos mediante compuestos antifúngicos naturales



Investigan cómo alargar la vida de los quesos procesados, bollos y pasteles
El Instituto Teconológico del Plástico (AIMPLAS), el Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA) y TECNALIA Research & Innovation, junto a tres empresas, están trabajando en el desarrollo de un nuevo sistema de protección activo para alargar la vida útil y mejorar la calidad de quesos procesados, bollos y pasteles. El objetivo del proyecto Innpact es el desarrollo de un nuevo sistema de protección activo para quesos procesados y productos de bollería-pastelería mediante la búsqueda y selección de compuestos antifúngicos naturales y el estudio de su posterior aplicación en los alimentos mencionados.
En el desarrollo de este proyecto se investigará la adición de los antifúngicos mediante tres vías diferentes: su inclusión en el propio material plástico del envase cuando éste es fabricado, mediante recubrimiento sobre el material de envasado, y mediante recubrimiento comestible sobre el propio alimento. De este modo, se prolongará la vida útil y la calidad de estos productos, así como la creación de nuevas vías de negocio de alto contenido tecnológico, alto valor añadido y la promoción de la innovación en el sector alimentario y plástico.
El proyecto, que cuenta, además de con los tres centros tecnológicos, con las empresas, NOVAPAN que actúa como líder del proyecto, Industrias Lácteas Asturianas (ILAS) y General de Manipulados Plásticos (GMP), está financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, dentro del Subprograma Innpacto.
La participación de estos tres centros tecnológicos en el proyecto posibilita acelerar el proceso de desarrollo y puesta en mercado de los productos, lo que permite ganar competitividad a las empresas. Así mismo, las empresas que colaboran en esta investigación, garantizan que una vez se obtengan resultados adecuados, estos puedan ser explotados y comercializados en un periodo de tiempo razonable.

Compuestos antifúngicos

La vida útil de alimentos como el pan, los productos de bollería y repostería o el queso, se ve limitada por las alteraciones microbiológicas -crecimiento de mohos-, de textura –endurecimiento- o por el enranciamiento de grasas.
En la actualidad, muchos de estos problemas se solucionan aplicando tratamientos térmicos severos, utilizando atmósferas modificadas, o mediante aditivos que reducen o eliminan la actividad enzimática y los microorganismos presentes en el alimento, controlan el color y los procesos de oxidación de las grasas del producto.
Sin embargo, los nuevos hábitos de vida y la creciente preocupación del consumidor por su salud provocan la búsqueda de productos más naturales, sin conservantes químicos, saludables, seguros, baratos y con una buena calidad sensorial y nutritiva durante un largo periodo de vida útil, aspectos que no se terminan de cumplir con las tecnologías utilizadas hasta el momento.
Por ello, la aplicación de los compuestos antifúngicos se va a desarrollar en tres formatos, como envase activo, recubrimiento del envase activo y como recubrimiento comestible.
Los envases activos permiten una migración controlada en el tiempo de ciertos aditivos que puedan ser beneficiosos para el alimento. Los recubrimientos comestibles activos aplicados sobre la superficie del producto igualmente permiten una migración controlada en el tiempo de aditivos, además, según el recubrimiento utilizado, posibilitan reducir la concentración de oxígeno que pasa al interior del producto, lo que actuaría igualmente en la acción sobre el crecimiento fúngico. Además de regular la transferencia de gases al producto, permitiría controlar también la humedad.
Este proyecto tiene un marcado carácter innovador por su objetivo principal y por otros factores tecnológicos como la búsqueda de menores cantidades de aditivos o incluso la sustitución de estos por aditivos naturales, la utilización de nuevas tecnologías de proceso y envasado y la unión de los sectores de bollería y pastelería y el lácteo en una acción de I+D+i..

Sobre AIMPLAS

El Instituto Tecnológico del Plástico es un Centro de Innovación y Tecnología (CIT) reconocido por la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología y está ubicado en Valencia (España).
Nace en 1990 como asociación de investigación sin ánimo de lucro de ámbito nacional e internacional y pertenece a la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (REDIT) y a la Federación Española de Institutos Tecnológicos (FEDIT). Además, es miembro activo de otras redes tecnológicas como SUSCOMPNET, EuCIA, AESICOM e IBEROCIT


FUENTE: AGROINFORMACIÓN

15 de febrero de 2012

Investigadores andaluces crean un sensor de contaminantes en los alimentos

Ya ha sido probado en leche y en bebidas alcohólicas



Investigadores andaluces crean un sensor de contaminantes en los alimentos
Dos investigadoras de la Universidad de Córdoba (UCO), en colaboración con la Universidad de Jaén, han diseñado un nuevo sistema de detección de contaminantes en alimentos, que ya ha sido probado en leche y en bebidas alcohólicas. En un comunicado, fuentes de la UCO han explicado que la investigación, que ha sido realizada durante estos últimos dos años por Mercedes Gallego y Beatriz Jurado junto a Evaristo Ballesteros, ayudará a prevenir casos como la intoxicación de miles de bebés chinos que habían consumido leche contaminada con melamina. Esta circunstancia, han añadido, obligó a Bruselas a reforzar los controles fronterizos para evitar fraudes.
El nuevo sistema, presentado en el Campus de Excelencia Internacional en Agroalimentación ceiA3, detecta la presencia de aminas, un tipo de compuesto químico orgánico considerado como contaminante y que, en grandes concentraciones, ha sido relacionado con algunos tipos de cáncer.
El sensor basa su eficacia en el análisis cromatográfico de los contaminantes, usando la técnica de espectometría de masas, una fórmula que ha permitido detectar las aminas en cantidades mínimas, por tanto consideradas inocuas, y que hasta ahora pasaban desapercibidas.
La investigación y el nuevo sistema de detección, recogido en la revista norteamericana Journal of Agricultural and Food Chemistry, analizan la presencia de hasta 16 tipos de aminas (aromáticas, melamina y nitrosaminas).
Estas aminas han sido originadas durante algunos tratamientos industriales (tostado/secado), adición de algunos aditivos y/o por migración de adhesivos y tintas empleadas en los envases, según han detallado desde la Universidad de Córdoba.
El estudio, que ha durado dos años, incluye cervezas, vinos, bebidas espirituosas, leche y productos lácteos procedentes de varios países europeos.
Han precisado que mientras en todas las muestras de cervezas se detectaron al menos dos contaminantes, aunque por debajo de lo permitido, no apareció resto de ellos en vinos o en bebidas espirituosas.
En lo referente a la leche y productos lácteos se detectaron hasta siete tipos de contaminantes, localizándose melamina en dos muestras de leche deshidratada, en concentraciones muy inferiores a los límites máximos permitidos por la legislación europea.

FUENTE: AGROINFORMACIÓN
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14 de abril de 2013

Mucho más que un recipiente


       Ya existen envases con forma de vaso que calientan el café o la sopa, botellas de cerveza cuya etiqueta cambia de color cuando están frías, cáscaras de gambas que se transforman en plásticos para envasar o envolturas comestibles que se pueden lavar y que se asemejan a la cáscara natural de una fruta. No es ciencia ficción; el negocio y la investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en torno a los envases alimentarios tienen claro en estos momentos lo que buscan: productos que protejan, sean cómodos para el consumidor y respetuosos con el medio ambiente, a un coste razonable. El profesor emérito del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos (IATA-CSIC) Ramón Catalá, que lleva más de 45 años investigando sobre envases para alimentación, asegura que "las líneas de desarrollo son muchas" y que "no hay ningún envase perfecto, ya que no todo envase sirve para todo".
    Esta es la razón por la que ahora, en la segunda década del siglo XXI, convivan el envase de vidrio (que data del año 3.000 antes de Cristo), la hojalata (principios del siglo XIX) y los plásticos procedentes del petróleo (en torno a 1950) o de fuentes naturales.
     "La sociedad actual no existiría sin los envases", apunta Catalá, quien precisa que en los últimos años "el dinero y las razones ecológicas priman antes de buscar materiales complicados".
    Según sus datos, sobre lo que más se investiga es en materiales plásticos, especialmente polímeros de alta barrera, biopolímeros y nanocomposites que buscan -entre otros aspectos- evitar la permeabilidad del plástico, que permite el intercambio gaseoso.
    El centro tecnológico agroalimentario Ainia celebrará en Valencia el próximo mes de abril, junto al Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas), tres jornadas sobre los desafíos tecnológicos y legislativos en el envase plástico, al que asistirán industrias alimentarias y de envases, administración e investigadores.
    
Según uno de sus organizadores, el jefe del Departamento de Tecnologías del Envase del Ainia, Carlos Enguix, "para cada alimento se puede hacer un traje a medida" que lo envuelva.
    En este foro -MeetingPack- se presentarán novedades como aleaciones de plásticos que pueden mejorar las propiedades del polietileno y que permitirán no tener que cambiar de envase para calentar, avances en las condiciones de sellado o nuevos materiales con alta barrera para procesos de esterilización.
    "Hay una tendencia muy importante, la reducción de espesores en plásticos, con más capas pero más finas que da como resultado un material con las mismas prestaciones, una reducción de costes y menor impacto ambiental", resalta Enguix.
    El responsable de la línea de negocio de envase y embalaje de Aimplas, Pedro Melgarejo, cree que la industria del envase plástico tiende a desarrollar materiales sostenibles con la incorporación de material reciclado, biodegradable y bioplásticos, y envases inteligentes que interaccionan con el producto.
    Pero el problema es "la aplicación en los envases de las nuevas tecnologías que avisen al consumidor de si, por ejemplo, un producto está o no en buen estado con costes bajos", advierte el gerente de márketing de lácteos de Tetra Pak, José Luis Velilla.
    Tetra Pak, que en España y Portugal vendió 7.716 millones de envases de cartón en 2012, cree que los tres ejes que persigue un producto eficaz pasan por la protección, la comodidad o conveniencia de que se pueda consumir en distintos momentos y lugares, y la reducción de emisiones de CO2 en su producción sin elevar costes.
    Desde el sistema integrado de gestión (SIG) de residuos de envases usados Ecoembes, Antonio Barrón destaca la reducción conseguida en el peso de los envases, y pone como ejemplo que "un envase de yogur pesa la mitad que hace diez años" gracias al "ecodiseño" desarrollado.
    Según Barrón, la tasa de reciclaje en España ha pasado del 5 al 70 % entre 1998 y 2012, un porcentaje que llega al 82,2 % para cartones, el 77 % para latas de metal y el 50 % para plástico.
    Óscar Hernández, uno de los ponentes de las jornadas sobre materiales en contacto con los alimentos que la patronal de la industria alimentaria española (FIAB) celebró recientemente, defiende que en alimentación y en seguridad alimentaria se hable más del continente y no solo del contenido.
    "En la FIAB hay empresas que utilizan la innovación para diferenciarse tanto en productos como en envases, y otros modelos de que apuestan por competir en precios", remarca.
    Hernández cree que es necesaria una política y un criterio "de ámbito europeo, sin enfoques nacionalistas", sobre materiales en contacto con los alimentos.

FUENTE: Agroinformación

12 de marzo de 2013

Guía para reducir el derroche alimentario


Ahora más que nunca se está trabajando en reducir al máximo el desperdicio alimentario, se realizan denuncias a la vez que se ofrecen pautas para reducir el desperdicio de comida, recordemos por ejemplo la guía Abra los ojos ante los desperdicios, repasemos los consejos para tirar menos residuos alimentarios, ahorrar y proteger el medio ambiente, y las denuncias al sector de la distribución, y en general sobre las toneladas de alimentos que se tiran a la basura.

Tenemos una nueva herramienta que nos llega de la mano de la Fundación Alícia y la Oficina de Medio Ambiente de la Universidad Autónoma de Barcelona, se trata de una guía para reducir el derroche alimentario en el sector de la hostelería, la restauración y el catering titulada ¡Aprovechemos la comida!.

Esta guía se publicó hace unas semanas pero sólo estaba en catalán, pero ahora ya está disponible también la versión en castellano de la guía ¡Aprovechemos la comida!, con la que se pretende aportar un granito de arena contra el derroche alimentario.

Es una publicación gratuita y podéis descargarla a través de este enlace (Pdf). Esta guía para reducir el despilfarro alimentario está especialmente destinada al sector de la hostelería, pero no dejará de ser una lectura interesante para todos, siempre hay algo que aprender y además que ayudará a comprender el funcionamiento de dicho sector.

Tras la introducción sobre el derroche de alimentos, se tratan cuestiones como las medida legales que afectan al despilfarro alimentario, los costes que ello supone, cómo reducirlo planificando la compra, realizando un adecuado almacenamiento y mejorando las prácticas en la elaboración de los alimentos e incluso cómo aprovechar la comida sobrante.


11 de diciembre de 2012

¡¡Del campo al contenedor!!: ¿¿Estamos locos???


     En España, 7,7 millones de toneladas de alimentos —163 kilos por persona, de media— que podrían haberse consumido, o a los que se pudo haber dado otro uso, acaban en la basura cada año. Son productos que se desechan a causa de los malos hábitos de consumo, los altos estándares de calidad de las empresas —que rechazan los que no cumplen sus cánones estéticos— o la mala planificación de comercios y ciudadanos. Una realidad escandalosa que se hace aún más aberrante a medida que aumentan los estragos causados por la crisis: el 27% de la población se encuentra en riesgo de pobreza. El Gobierno busca ponerle coto ahora a este problema con una estrategia para concienciar del valor de los alimentos, y estudia cambiar la normativa para que aquellos productos que vayan a desecharse se reutilicen o se donen.
     Su objetivo es, además, analizar las reglas con las que las empresas hacen sus cribas antes de que el producto llegue al consumidor. Patrones que llevan a rechazar alimentos perfectamente buenos solo por criterios estéticos. Estándares “excesivamente estrictos”, según el experto británico Tristram Stuart, profesor de Historia Medioambiental en la Universidad de Sussex. Stuart pone varios ejemplos: kilos de tomates que se consideran demasiado pequeños para la venta, manojos de zanahorias retorcidas y algo rajadas... Alimentos que nadie garantiza que no terminen en los contenedores. Algo que las autoridades tratarán de evitar. También que aquellos productos cuya fecha de consumo preferente vaya a pasar —siguen siendo seguros pero no conservan todo su sabor, color o aroma— se reintroduzcan en el ciclo alimentario de alguna forma y no se destruyan sin más.

      La idea satisface a las organizaciones de consumidores, que no obstante se muestran cautas sobre la verdadera suerte de los productos rescatados y la intención última de la estrategia del Ministerio de Agricultura. “Hay que evitar el despilfarro, pero sospechamos que cualquier cambio regulatorio irá orientado a que la industria pueda acabar comercializando esos productos desechados a un precio menor y obtenga un beneficio”, opina Ruben Sánchez, portavoz de Facua. “Lo primero que debería hacerse es prohibir que se tiren los excedentes de producción. La industria tira los alimentos que superan el cupo determinado para evitar que bajen los precios. Les sale más barato desecharlos”, añade.
     El diputado de Compromis-Equo Joan Baldoví propuso hace poco una iniciativa parlamentaria para frenar el desperdicio. En ella se incluían medidas coercitivas para aquellos que despilfarrasen con prácticas como la de eliminar los excedentes. Sin embargo, a pesar de la contradicción que supone que el Gobierno prepare ahora su propia estrategia, su propuesta fue rechazada por el PP. Baldoví pretendía aplicar el principio de “quien contamina paga” para frenar unos residuos que tienen un elevado coste medioambiental y social.
Agricultura y 100 empresas acuerdan optimizar los excedentes
Porque el problema se produce a lo largo de toda la cadena. Desde el campo o la granja hasta la mesa. Pero uno de los principales problemas, reconoce Fernando Burgaz, director general de Industria Alimentaria, es que no se tiene información exacta de cuánto ni de todos los factores que influyen en esta práctica. “Se revisarán las normas de calidad, se tendrán en cuenta los tipos y la tecnología de envasado, si las fechas de caducidad y consumo preferente son las correctas, los tiempos de distribución, los hábitos de consumo. Todo eso cuenta en el despilfarro de alimentos”, explica Burgaz.
    Los datos de la Comisión Europea sitúan a España como el sexto país de la UE que más despilfarra. Por delante están Alemania, Holanda, Francia, Polonia e Italia. En toda Europa tiran a la basura 89 millones de toneladas de alimentos. Una cifra que el Parlamento Europeo ha instado a reducir. En Reino Unido, Holanda o Irlanda ya han iniciado programas para hacerlo. Sobre todo, con campañas de sensibilización para consumidores y distribuidores.
     En España, el ministerio de Miguel Arias Cañete ha firmado un convenio con la Federación Española de Bancos de Alimentos y la Asociación Multisectorial de Fabricantes y Distribuidores (AECOC), al que se han adherido más de 100 empresas, para frenar el desperdicio. Las compañías se comprometen a reducir ese despilfarro siendo más eficientes en la producción, reduciendo los tiempos de distribución y planificando mejor sus producciones para evitar que las mercancías se acumulen, cuenta el secretario general de AECOC, José María Bonmatí.
     “Tenemos que optimizar y reducir el desperdicio casi a cero. Es una cuestión social, pero también medioambiental”, afirma Bonmatí, que reconoce que hay margen de mejora. “Muchas veces, por ejemplo, la propia dinámica comercial hace que las fechas de retirada sean anteriores a las del fin de la vida útil de los productos. También hay que vigilar el transporte y la logística. Hay que hacer una planificación correcta”, apunta el responsable de AECOC, que explica que, dentro del acuerdo con Agricultura, las empresas se comprometen a aprovechar al máximo los excedentes que se generen. Sea elaborando otro tipo de productos —alimentación animal, cosméticos— o redistribuyéndolos.
      La industria no apoya que se cedan alimentos pasados de fecha pero inocuos
      Una de las formas de darles uso es donarlos a organizaciones o bancos de alimentos. Ya se hace en algunos casos con excedentes de frutas y verduras. También, explica Tomás Fuertes, presidente de ElPozo Alimentación —una de las compañías firmantes del acuerdo—, con otros productos cuyo envase, por ejemplo, se ha deteriorado. “Nosotros cada día hacemos una revisión de todos los productos que se van a expedir y aquellos que tienen cualquier defecto de etiquetado o de presentación, como una arruga, pero que son productos perfectamente óptimos para el consumo, se donan a las distintas ONG e instituciones con las que colaboramos”, apunta.
     Los que no se donan son aquellos productos cuya fecha de consumo preferente acaba de pasar o está cerca. Algo “incomprensible”, según los responsables de las organizaciones que tienen programas de ayuda para alimentación a personas en riesgo de exclusión. “Son alimentos que son sanos e inocuos, pero que quizá no estén tan frescos. Se podrían donar perfectamente”, apunta José Antonio Busto Villa, director general de los Bancos de Alimentos, entidades que el año pasado dieron de comer a dos millones de personas en España. A Carlos Susías, presidente en España de la Red Europea contra la Pobreza, la idea no le parece mal, pero avisa: “Tienen que ser alimentos buenos y seguros. No deben ser alimentos de desecho para personas consideradas de desecho”. La estrategia, dicen los expertos, podría ayudar algo a paliar los recortes sociales y la reducción de fondos que la UE planea para esos programas en los próximos presupuestos —propone una partida de 2.500 millones de euros para gastar de 2014 a 2020, pero no todos los países apoyan la modesta cifra—. “Reducir el despilfarro es bueno, pero no soluciona el problema. El Gobierno debe centrarse en mejorar las condiciones de acceso a los alimentos para todos los ciudadanos”, incide Susías.
      A Busto Villa le satisface que Agricultura revise las condiciones de la donación, y aspira a que se fomente la entrega de alimentos en buenas condiciones, pero cuya fecha de consumo preferente ha pasado. Pero esa opción no convence a los fabricantes. “Cualquier empresa que esté envasando su marca quiere que ese producto responda a sus estándares de calidad. Vaya donde vaya. Y hay algunos productos que van perdiendo condiciones organolépticas”, dice el responsable de AECOC. Lo que harán los fabricantes, recalca, es revisar a fondo y más habitualmente las fechas límite de sus productos. “Ahí se puede trabajar”, opina.
    Y es que ese es otro de los posibles factores del desperdicio masivo. El tiempo de duración de un alimento se vuelve a medir cuando cambia alguno de los ingredientes o su envase. Sin embargo, expertos como Stuart, que ha liderado investigaciones sobre desperdicio, creen que esas fechas límite son “demasiado prudentes”.
     Muchas frutas y verduras se rechazan solo por criterios estéticos
     Las autoridades españolas estudiarán, dentro de la estrategia de Agricultura, si ese tiempo límite que la industria impone a sus alimentos es correcto. “Las tecnologías de envasado han evolucionado, con lo que muchos productos pueden tener más vida útil de la que tienen reconocida oficialmente”, apunta el director general de Industria Alimentaria, que explica que también se tendrá en cuenta si el tamaño de los envases se adapta a las necesidades de los consumidores o promueve el desperdicio.
     Esta, opina, puede ser una de las claves. El 42% de los desechos alimentarios se produce en los    hogares, según estimaciones europeas. “Ahí se tira una parte importante de productos. Sea porque la gente puede tender a acumular, porque no los conservan bien o porque no tienen información suficiente de cómo hacerlo. También porque la mayoría confunde la fecha de caducidad con la de consumo preferente”, argumenta el responsable de los Bancos de Alimentos. Una opinión que comparte Sánchez, de Facua. Ambos piden que se cree una regulación para que en los envases conste una sola fecha, “la del último día que se puede consumir el producto sin riesgo”, pide Busto Villa. “Además, las etiquetas deberían tener información de qué propiedades pierde el producto a partir de una fecha”, dice Sánchez.
     Pero la industria no tiene planes de cambiar el etiquetado, por el momento. Sin embargo, el responsable de AECOC explica que las compañías iniciarán —junto a Agricultura— una campaña de información al consumidor sobre las condiciones de conservación y consumo. También participarán las superficies comerciales, porque mercados, supermercados y tiendas generan el 5% de los desperdicios. No parece una cifra muy alta, pero aún así son muchos los productos acaban en el contenedor.
     ¿Qué se hace para evitarlo? Beatriz García Cabredo, directora de Responsabilidad Social Corporativa de Makro, explica que una buena planificación es vital. También el tratamiento del producto. “Se cuida la mercancía desde que llega para que no se produzcan roturas y se trata de conservar bien la cadena de frío en los productos frescos para que no se estropeen”, dice. Aun así, reconoce, hay alimentos que ya no se pueden vender y que se donan: latas golpeadas, productos que ya no son vistosos y que los restaurantes no querrán, alimentos cuya fecha va a vencer ¿Y aquellos cuya fecha ha vencido? “Esos se destruyen. Pero intentamos que no pase”, dice Cabredo.
      Antes de llegar a la tienda también se desperdicia. Las empresas productoras generan el 39% de los desechos. Y es que a veces las normas por las que se rige la comercialización de productos frescos —verduras, hortalizas— impiden la venta de los que tienen alguna imperfección o no tienen el tamaño adecuado. Por ejemplo, una patata de la variedad nueva que tenga un brote de más de tres milímetros no se puede vender. “No pasa la criba de la empresa que las lava y las envasa y puede que acabe en la basura. Las empresas creen que el consumidor no querrá esos productos un poco imperfectos o temen que meterlos en el mercado baje el precio”, apunta Diego Juste, de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Ellos son el primer eslabón de la cadena y también originan desperdicios.
     “Se intenta derivar los excedentes a la industria para fabricación de derivados. Se dona lo que se puede. Se busca tirar lo menos posible”, dice. Pero, como denuncia la Organización de Naciones Unidas para Agricultura (FAO), a veces a las empresas les resulta más caro reutilizar el producto —fabricando otra cosa o donándolo— que tirarlo. La distribución de la mercancía a los bancos de alimentos cuesta, y además debe ser ágil.

21 de junio de 2012

Un plástico con moléculas de ajo conserva los vegetales más tiempo


La investigación desarrollará un envase activo y biodegradable para productos alimentarios recién cortados.

       
La investigación desarrollará un envase activo y biodegradable para productos alimentarios recién cortados elaborado con un termoplástico al que se añaden moléculas de origen natural microencapsuladas. Los expertos han demostrado que estos aditivos mejoran las propiedades del producto, ya que aumentan el tiempo de conservación y la seguridad frente a posibles microorganismos alterantes y patógenos. Además evitan el proceso de oxidación de las frutas y verduras que le confieren un color pardo, informa la Fundación Descubre.La empresa granadina Domca S.A.U. ha obtenido aditivos de origen vegetal que se incorporarán a un envase de plástico biodegradable destinado a conservar las frutas y verduras frescas listas para el consumo, en el marco del proyecto europeo PLA4food.
       En concreto, la empresa Domca proporciona los aditivos procedentes del ajo que  incorporan al envase. Para ello, los expertos obtienen estos principios activos a partir de un proceso de extracción orgánica desde la pasta de ajo.
      A partir de esta materia prima, obtienen moléculas que combaten los microorganismos existentes en las frutas y verduras envasadas. "Se trata de aditivos con propiedades antimicrobianas y antifúngicas, es decir, combaten las bacterias y mohos que pueden surgir en los vegetales y provocan enfermedades como la Salmonelosis", explica a la Fundación Descubre la responsable de proyectos de Domca, Cristina Núñez.
      Hasta el momento, el principal inconveniente de las moléculas era su aroma, ya que al obtenerse del ajo conservaban su característico olor. Sin embargo, una de las novedades del proyecto es la microencapsulación, es decir, los aditivos se incorporan en pequeñas cápsulas que se insertan en los poros de la capa del plástico en contacto con los vegetales. "Las cápsulas del plástico comienzan a actuar progresivamente, desde el mismo momento del envasado. De esta forma, tenemos un mayor control sobre el proceso de conservación, ya que la liberación se sostiene en el tiempo. Esto aumenta la vida útil del producto y, por tanto, su valor económico", destaca Núñez.

FUENTE: Besana Portal agrario

20 de abril de 2012

NutriChip: Intestino artificial para analizar la digestión de los alimentos


NutriChip es una pared intestinal artificial en miniatura, que se puede utilizar para identificar los alimentos que causan inflamación en el cuerpo humano.

La prevención de la enfermedad inflamatoria crónica

Según el Centro de Investigación Agroscope Liebefeld-Posieux (ALP), que está colaborando en el proyecto, por lo general, una vez que un determinado alimento ha sido digerido y absorbido por el intestino, incorpora ciertas moléculas en el cuerpo, como el ácido palmítico.
Estas moléculas desencadenan una respuesta inmune, en la forma de inflamación leve temporal, y luego se pueden encontrar en la sangre los biomarcadores para la inflamación, especialmente las citoquinas.
El NutriChip es una pared intestinal artificial en miniatura que se puede utilizar para identificar los alimentos que causan inflamación en el cuerpo humano
Los investigadores advierten que este es un fenómeno normal, pero debe ser supervisado, si esto sucede una y otra vez durante un largo periodo de tiempo, puede sentar las bases para enfermedades inflamatorias crónicas.
Según el LMIS2, la plataforma NutriChip hace posible comparar diferentes alimentos en términos de su capacidad para reducir las concentraciones de esos biomarcadores - y por lo tanto, posiblemente, su capacidad para reducir la inflamación en sí.
El equipo de investigación inició sus pruebas con leche, un alimento ampliamente consumido en Suiza.
El equipo de investigación inició sus pruebas con leche, un alimento ampliamente consumido en Suiza
Algunos estudios han demostrado que los productos lácteos pueden reducir la concentración de los biomarcadores inflamatorios en la sangre, mientras que otros no encontraron ninguna reducción significativa en las concentraciones.
Con la NutriChip, el LMIS2 asegura que podrá hacer una contribución a este debate.

Las complejidades de la digestión artificial

El cuerpo humano es complejo, y el diseño de una miniatura del sistema digestivo artificial resultó ser muy exigente.
Algunos estudios han encontrado que la leche puede reducir la concentración de biomarcadores inflamatorios en los seres humanos
La solución proporcionada por los investigadores de la EPFL en última instancia tomó la forma de un chip de dos niveles, cuyos niveles están conectados a través de una membrana porosa.
El nivel superior, que representa la pared intestinal, está hecha de una capa homogénea de células epiteliales cultivadas.
El nivel inferior representa el sistema circulatorio y se compone de células del sistema inmune, y macrófagos en particular.
El trabajo de los macrófagos dentro del cuerpo humano es mantenerlo limpio: cuando se encuentran con agentes potencialmente peligrosos, liberan moléculas como las citoquinas que activan otras células del sistema inmunitario.
La plataforma NutriChip utiliza sensores ópticos CMOS de alta resolución desarrollados por el Laboratorio Integrado de EPFL Sytems con el fin de detectar y medir con precisión la producción de citocinas de las células inmunes que están en el otro lado de la capa de células de la pared intestinal.
Estas mediciones, que se realizan utilizando fluorescencia, muestran exactamente la cantidad de inflamación causada por un alimento dado.
Según el LMIS2, tienen que reproducir todas las etapas del proceso digestivo antes de que la comida llegue al intestino.
La leche, por ejemplo, es sucesivamente digerida por las enzimas y los componentes químicos de la saliva, los jugos gástricos, los jugos pancreáticos y la bilis. La mezcla que emerge de este proceso se aplica entonces al nivel superior del NutriChip.

¿La leche es un anti-inflamatorio?

Algunos estudios han encontrado que la leche puede reducir la concentración de biomarcadores inflamatorios en los seres humanos, pero estos resultados necesitan ser confirmados.
Por otro lado, en el Hospital de la Universidad de Berna se están realizando estudios en voluntarios para encontrar vínculos entre la masa corporal, la dieta y la producción de citoquinas pro-inflamatorias.
Los participantes del estudio comen varios tipos de comidas, y luego después se miden sus niveles de citocinas con un análisis de sangre.
Según los investigadores, los análisis de sangre podrían decir si se pueden obtener los mismos resultados con el intestino artificial NutriChip.
Si el equipo del proyecto no obtiene los mismos resultados, esto abrirá el camino para la selección in vitro de diferentes tipos de alimentos para determinar su potencial pro-o anti- inflamatorio.
Los alimentos más prometedores podrían ser probados con mayor intensidad con estudios nutricionales.

de la hierba que come la vaca al queso en su mesa


Este proyecto pretende aumentar el valor de los quesos de la zona de Turin. A su vez proporciona a los consumidores visibilidad del origen del producto, garantiza la calidad, mejora la logística, y elimina la falsificación de quesos. 

Dado el éxito del piloto, en 2011 se desplegará  la próxima fase del proyecto en forma masiva, involucrando ahora a las tiendas de Turin y a un delikatessen de Nueva York.La falsificación de queso de alta calidad es un problema constante en Italia, ya que los quesos alpinos cuestan de 30 a 100% más que los productos similares de otras zonas. 
Los consumidores podrán obtenber los datosdel queso a través de lecrtores manuales en las tiendas o a través de un código 2D que puede ser leído por un teléfono móvil. 

conservar líquidos a temperatura ambiente sin utilizar aditivos

      El sistema UHPH (de las siglas inglesas Ultra Alta Presión Homogeneización) es aplicable a todo tipo de producto líquido y especialmente apropiado para alimentos. Buenaventura Guamis, director del Cerpta y catedrático de Tecnología de los Alimentos de la UAB, señala que se trata de un sistema “totalmente novedoso y sólo comparable con el sistema UHT (Esterilización a Ultra Alta Temperatura), pero con la ventaja añadida de que, además de esterilizar, minimiza el daño térmico al producto y favorece su estabilización. Esto permite reducir o eliminar los aditivos que se añaden habitualmente para conservar sus características de gusto, sabor, textura u olor”.
    El sistema protege además los componentes bioactivos de los alimentos, como las vitaminas o los ácidos grasos poliinsaturados, mediante un proceso de encapsulación que aumenta su resistencia ante factores que podrían alterarlos. La nueva tecnología consiste en una combinación de altas presiones dinámicas y homogenización. En el campo de las altas presiones se diferencia claramente de las altas presiones hidrostáticas HHP (Hidrostatic High Pressure). Mientras éstas dependen fundamentalmente de la presión y solamente pasteurizan los alimentos —se tienen que conservar en refrigeración— el sistema UHPH combina diferentes efectos de presión, mecánicos y de temperaturas, esterilizándolos y estabilizándolos. Esto permite que se conserven a temperatura ambiente entre seis y nueve meses manteniendo las propiedades nutricionales del producto fresco.

17 de abril de 2012

PET resistente a altas temperaturas

Este nuevo envase de PET puede trabajar a una temperatura hasta 10 grados más alta en el proceso de llenado y les ofrece a los envasadores que usan vidrio la opción de cambiarse al plástico, lo cual provoca una reducción del peso del 85%.

Nissei ASB trabajará exclusivamente con APPE en el desarrollo de este envase de PET cuyo lanzamiento en Europa y Turquía está previsto para finales de 2012.APPE y Nissei ASB producirán este envase plástico pasteurizable de boca ancha que tiene un sistema de doble soplado de cuello ancho.

Trabajo a altas temperaturas

Kinza Sutton de APPE señaló que se está utilizando un proceso de fabricación especial para incrementar de manera significativa la tolerancia del envase a las altas temperaturas.
Hasta ahora el PET sólo podía trabajar a temperaturas inferiores a 85 grados y sin llevar a cabo ningún proceso de pasteurización posterior al llenado, por lo cual este nuevo desarrollo representa un paso adelante en materia tanto de tecnología como de apertura de mercados y de aplicaciones.
Este envase de PET puede utilizarse para conservas vegetales, mermeladas, salsas caseras, productos hechos a base de tomate y otros alimentos que requieren el llenado en caliente así como ser sometidos a un proceso de pasteurización.


Lo que diferencia este nuevo envase de PET de los demás existentes actualmente en el mercado es su capacidad tanto de someterse al proceso de llenado a temperaturas más altas como de ser pasteurizado cuando está lleno.
Posibilidades y ventajas del PET

Sutton añadió que éste es un gran salto tecnológico en el campo del PET porque abre para los productos nuevos mercados y aplicaciones que hasta hace poco eran impensables.
Esto significa que ahora el PET es una alternativa viable frente a otros materiales de envasado como el vidrio.
Actualmente APPE y Nissei ASB están haciendo las pruebas de evaluación de este nuevo envase de PET.
A partir de ahora los envasadores y los procesadores de alimentos podrán utilizar envases de PET en algunas aplicaciones en las que los materiales como el vidrio y el polipropileno solían ser las únicas opciones existentes.
El PET tiene algunas ventajas con respecto al vidrio como la reducción sustancial del peso, de los costes de transporte y de la huella de carbono.
También es necesario mencionar que en términos de seguridad el PET ofrece muchos más beneficios que el vidrio porque se elimina el riesgo de que los envases se rompan en las líneas de llenado, mientras son transportadas o en el punto de venta.
Con este nuevo envase de PET pueden utilizarse los tapones de cierre de metal convencionales.

16 de abril de 2012

nuevo intercambiador de calor

FusionLine, el nuevo intercambiador de calor de placas de flujo abierto de Alfa Laval, es una gran elección para el tratamiento de productos de viscosidad baja o media con fibras y partículas, como zumos y refrescos, alimentos preparados, sopas y salsas, que tradicionalmente han sido procesados con intercambiadores multitubulares.
Al ampliar los límites a la tecnología, como se observa en la línea de puntos del diagrama de abajo. FusionLine permite a los fabricantes de comida y bebida optimizar su rendimiento sin sacrificar la calidad del p roducto final, sus características o su economía.
Combinando los beneficios de esta forma, se añade una dimensión adicional en cuanto a la libertad de elección de la tecnología. Ahora el proceso y el cliente pueden imponer la solución en mayor medida.
Javier Cao, Responsable de Procesos Alimentarios y Farmacéuticos de Alfa Laval, comenta: "FusionLine es un complemento excelente a las tecnologías tradicionales y proporciona un nuevo nivel de flexibilidad. Es una solución que debería mantener bajos los costes de producción y alta la calidad final del producto".

Tecnología Patentada: FusionLine PHE Tradicional

FusionLine presenta un canal abierto de 4-6 mm en uno de los lados del producto (rojo), el cual es fácil de limpiar in situ (CIP) y totalmente accesible. El diseño de canal abierto se ha hecho posible mediante cassettes de placa conectados en el lado medio (azul). Las cassettes están conectadas utilizando la tecnología AlfaFusion, patentada por  Alfa Laval, la cual une dos placas inoxidables en una sola pieza, sin necesidad de juntas.
La tecnología AlfaFusion permite el uso de placas finas, que proporcionan una transferencia de calor optima, y mantienen, por tanto, una alta resistencia a la presión del producto. La geometría de canal único asegura un tratamiento suave del producto. Las placas se pueden añadir y quitar fácilmente, proporcionando la flexibilidad para reaccionar a cambios en el volumen de producción. Su tamaño es, además, un 3 0 o 40% más pequeño que el del intercambiador de calor tubular equivalente, lo que permite instalarlo en espacios más reducidos.
La Diferencia de FusionLine:
Cero puntos de contacto en el lado del producto
Baja caída de presión
Superficie pequeña
Fácil de limpiar y de inspeccionar
Todo cubierto
El intercambiador de calor con canales de flujo abiertos, FusionLine es la última incorporación a una cartera de productos ya de por sí amplia. Alfa Laval puede ofrecer el intercambiador de calor adecuado para procesar comida, productos lácteos y bebidas  desde intercambiadores de placas y multitubulares a  intercambiadores de calor de superficie rascada. Todo está cubier to  Incluso las tareas de condensación y evaporación.

27 de febrero de 2012

Diseñan un dispositivo que reduce los costes en la liofilización de alimentos

Investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y el CSIC han diseñado un dispositivo ultrasónico que reduce costes y consumo energético en la liofilización de alimentos, y que podría aplicarse también al tratamiento de productos farmacéuticos, químicos o cosméticos. Según un comunicado de la UPV, el sistema de ultrasonidos de alta intensidad, patentado por el Grupo de Análisis y Simulación de Procesos Agroalimentarios (ASPA) de la UPV y el Grupo de Ultrasonidos de Potencia del CSIC, permitiría extender la liofilización de alimentos a productos de consumo diario como especias, infusiones, frutas y verduras.
La liofilización es una de las técnicas de deshidratación que mejor mantiene la calidad de los productos, aunque la necesidad de aplicar vacío para acelerar el proceso no permite realizar una producción en continuo convirtiéndola en una técnica muy cara, exclusiva de productos con muy alto valor añadido.
Una alternativa viable sería la liofilización a presión atmosférica, pero éste resulta un proceso extremadamente lento, según las fuentes, que indican que el sistema ultrasónico patentado permite liofilizar en continuo el producto a presión atmosférica de forma mucho más rápida, manteniendo la calidad y reduciendo el consumo de energía asociado a este proceso.
La técnica se reserva a alimentos de precio alto como puede ser el café instantáneo, alimentos para alpinistas, leches infantiles o sopas instantáneas, aunque al rebajar el coste del proceso podría abrirse a otros productos.
Antonio Mulet, investigador del Grupo ASPA y profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y del Medio Natural (Etsiamn) de la UPV, ha explicado que durante las pruebas de estudió la eliminación del agua y de etanol con el que previamente se había impregnado la muestra.
En el caso de la eliminación de agua en manzana, se consiguió una reducción del 70 por ciento del tiempo de liofilización, mientras que en la eliminación de etanol el tiempo de tratamiento se redujo un 80 por ciento.
Esta tecnología podría aplicarse también en el sector químico, farmacéutico y biotecnológico, ya que, según los investigadores, se prevé que la mitad de los medicamentos inyectables aprobados en los próximos 5 años requieran de liofilización.
La liofilización permite mayor estabilidad a los principios activos y una rehidratación más rápida, y además mejora la deshidratación de productos sensibles al calor al realizarse a bajas temperaturas.
Nuestra técnica podría aplicarse a productos como reactivos, microorganismos, vitaminas, plasma sanguíneo o medicamentos que se pueden transportar y almacenar fácilmente para luego reconstituirlos", según Juan Cárcel, investigador del grupo ASPA y profesor de la Etsiamn de la UPV.

FUENTE: AGROINFORMACIÓN

17 de febrero de 2012

Investigan cómo alargar la vida de los quesos procesados, bollos y pasteles

El proyecto busca esos objetivos mediante compuestos antifúngicos naturales



Investigan cómo alargar la vida de los quesos procesados, bollos y pasteles
El Instituto Teconológico del Plástico (AIMPLAS), el Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA) y TECNALIA Research & Innovation, junto a tres empresas, están trabajando en el desarrollo de un nuevo sistema de protección activo para alargar la vida útil y mejorar la calidad de quesos procesados, bollos y pasteles. El objetivo del proyecto Innpact es el desarrollo de un nuevo sistema de protección activo para quesos procesados y productos de bollería-pastelería mediante la búsqueda y selección de compuestos antifúngicos naturales y el estudio de su posterior aplicación en los alimentos mencionados.
En el desarrollo de este proyecto se investigará la adición de los antifúngicos mediante tres vías diferentes: su inclusión en el propio material plástico del envase cuando éste es fabricado, mediante recubrimiento sobre el material de envasado, y mediante recubrimiento comestible sobre el propio alimento. De este modo, se prolongará la vida útil y la calidad de estos productos, así como la creación de nuevas vías de negocio de alto contenido tecnológico, alto valor añadido y la promoción de la innovación en el sector alimentario y plástico.
El proyecto, que cuenta, además de con los tres centros tecnológicos, con las empresas, NOVAPAN que actúa como líder del proyecto, Industrias Lácteas Asturianas (ILAS) y General de Manipulados Plásticos (GMP), está financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, dentro del Subprograma Innpacto.
La participación de estos tres centros tecnológicos en el proyecto posibilita acelerar el proceso de desarrollo y puesta en mercado de los productos, lo que permite ganar competitividad a las empresas. Así mismo, las empresas que colaboran en esta investigación, garantizan que una vez se obtengan resultados adecuados, estos puedan ser explotados y comercializados en un periodo de tiempo razonable.

Compuestos antifúngicos

La vida útil de alimentos como el pan, los productos de bollería y repostería o el queso, se ve limitada por las alteraciones microbiológicas -crecimiento de mohos-, de textura –endurecimiento- o por el enranciamiento de grasas.
En la actualidad, muchos de estos problemas se solucionan aplicando tratamientos térmicos severos, utilizando atmósferas modificadas, o mediante aditivos que reducen o eliminan la actividad enzimática y los microorganismos presentes en el alimento, controlan el color y los procesos de oxidación de las grasas del producto.
Sin embargo, los nuevos hábitos de vida y la creciente preocupación del consumidor por su salud provocan la búsqueda de productos más naturales, sin conservantes químicos, saludables, seguros, baratos y con una buena calidad sensorial y nutritiva durante un largo periodo de vida útil, aspectos que no se terminan de cumplir con las tecnologías utilizadas hasta el momento.
Por ello, la aplicación de los compuestos antifúngicos se va a desarrollar en tres formatos, como envase activo, recubrimiento del envase activo y como recubrimiento comestible.
Los envases activos permiten una migración controlada en el tiempo de ciertos aditivos que puedan ser beneficiosos para el alimento. Los recubrimientos comestibles activos aplicados sobre la superficie del producto igualmente permiten una migración controlada en el tiempo de aditivos, además, según el recubrimiento utilizado, posibilitan reducir la concentración de oxígeno que pasa al interior del producto, lo que actuaría igualmente en la acción sobre el crecimiento fúngico. Además de regular la transferencia de gases al producto, permitiría controlar también la humedad.
Este proyecto tiene un marcado carácter innovador por su objetivo principal y por otros factores tecnológicos como la búsqueda de menores cantidades de aditivos o incluso la sustitución de estos por aditivos naturales, la utilización de nuevas tecnologías de proceso y envasado y la unión de los sectores de bollería y pastelería y el lácteo en una acción de I+D+i..

Sobre AIMPLAS

El Instituto Tecnológico del Plástico es un Centro de Innovación y Tecnología (CIT) reconocido por la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología y está ubicado en Valencia (España).
Nace en 1990 como asociación de investigación sin ánimo de lucro de ámbito nacional e internacional y pertenece a la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunidad Valenciana (REDIT) y a la Federación Española de Institutos Tecnológicos (FEDIT). Además, es miembro activo de otras redes tecnológicas como SUSCOMPNET, EuCIA, AESICOM e IBEROCIT


FUENTE: AGROINFORMACIÓN

15 de febrero de 2012

Investigadores andaluces crean un sensor de contaminantes en los alimentos

Ya ha sido probado en leche y en bebidas alcohólicas



Investigadores andaluces crean un sensor de contaminantes en los alimentos
Dos investigadoras de la Universidad de Córdoba (UCO), en colaboración con la Universidad de Jaén, han diseñado un nuevo sistema de detección de contaminantes en alimentos, que ya ha sido probado en leche y en bebidas alcohólicas. En un comunicado, fuentes de la UCO han explicado que la investigación, que ha sido realizada durante estos últimos dos años por Mercedes Gallego y Beatriz Jurado junto a Evaristo Ballesteros, ayudará a prevenir casos como la intoxicación de miles de bebés chinos que habían consumido leche contaminada con melamina. Esta circunstancia, han añadido, obligó a Bruselas a reforzar los controles fronterizos para evitar fraudes.
El nuevo sistema, presentado en el Campus de Excelencia Internacional en Agroalimentación ceiA3, detecta la presencia de aminas, un tipo de compuesto químico orgánico considerado como contaminante y que, en grandes concentraciones, ha sido relacionado con algunos tipos de cáncer.
El sensor basa su eficacia en el análisis cromatográfico de los contaminantes, usando la técnica de espectometría de masas, una fórmula que ha permitido detectar las aminas en cantidades mínimas, por tanto consideradas inocuas, y que hasta ahora pasaban desapercibidas.
La investigación y el nuevo sistema de detección, recogido en la revista norteamericana Journal of Agricultural and Food Chemistry, analizan la presencia de hasta 16 tipos de aminas (aromáticas, melamina y nitrosaminas).
Estas aminas han sido originadas durante algunos tratamientos industriales (tostado/secado), adición de algunos aditivos y/o por migración de adhesivos y tintas empleadas en los envases, según han detallado desde la Universidad de Córdoba.
El estudio, que ha durado dos años, incluye cervezas, vinos, bebidas espirituosas, leche y productos lácteos procedentes de varios países europeos.
Han precisado que mientras en todas las muestras de cervezas se detectaron al menos dos contaminantes, aunque por debajo de lo permitido, no apareció resto de ellos en vinos o en bebidas espirituosas.
En lo referente a la leche y productos lácteos se detectaron hasta siete tipos de contaminantes, localizándose melamina en dos muestras de leche deshidratada, en concentraciones muy inferiores a los límites máximos permitidos por la legislación europea.

FUENTE: AGROINFORMACIÓN